Un mural para denunciar el terror en Lanús

La Comisión de Vecines por Campomar junto a la La Escuelita de Arte Callejero y Propaganda convocaron a pintar un mural en Teniente Coronel Jorge Obon y Coronel Warnes, para señalar que Fabricaciones Militares, en Villa Jardín y la ex fábrica Campomar, funcionaron como Centros Clandestinos de Detención, Tortura y Exterminio de personas durante la última dictadura.

A 46 años, es urgente se avance y profundice en investigaciones que permitan juzgar a los responsables, y preservar los lugares que son sospechados de haber funcionado como Centros Clandestinos. La Comisión viene realizando un trabajo exhaustivo, recogiendo testimonios que dan cuenta de esos lugares como centros de exterminio. Sin embargo, la justicia no avanza.

Les compartimos en texto un material de la Comisión de Vecines de Campomar y las fotos del mural en proceso y de la Comisaría Tercera que, habiendo funcionado antes como Centro Clandestino, sigue siendo en la actualidad dependencia policial.

El Circuito Camps en Lanús

(De la Comisión de Vecines por Campomar)

El circuito Camps es la red que funcionó durante la última dictadura militar, bajo las órdenes del entonces jefe de policía Ramón Camps. Hasta el momento se probó la existencia de unos 30 centros clandestinos de desaparición, tortura y exterminio de personas  distribuidos por la zona sur del conurbano. Pero se sospecha de na red más extensa, que conecta lugares aparentemente  aislados entre sí. Además, por la cantidad de personas, no solo las desaparecidas, sino por las miles más que estuvieron detenidas desaparecidas, fueron torturadas y reaparecieron, se estima que era imposible en los distritos poblados, que los centros fueran pocos. Por ejemplo, solo en la ciudad de La plata hubo 12 centros clandestinos.

Tan solo en Lanús hay 400 desaparecidos, sin contar los caídos en el intento de copamiento del Regimiento Domingo Viejo Bueno, por el ERP en Monte Chingolo. Oficialmente, en el circuito Camps se reconoce a la Comisaría Segunda y Tercera. En esta última, la única señalizada por el Estado, estuvieron detenides les sobrevivientes de la noche de los lápices. Gracias al trabajo de nuestra comisión, pudimos recolectar una veintena de testimonios que señalan a la ex fábrica Campomar como Centro Clandestino. La justicia no investigó la totalidad del predio, ni llamó a la totalidad de los detenidos a declarar. Uno de los declarantes fue un ex detenido desaparecido que ya había declarado en la justicia haber estado en Campomar y en la Comisaría Quinta, que en ese momento era un anexo de la Tercera. La justicia tampoco había hecho nada con este dato. Sobre la Comisaría Quinta se conocen hasta época reciente casos de tortura como el caso Orellano.

Por relatos orales de personas aún atemorizadas por los terrores de la dictadura para declarar ante la justicia, conocemos la existencia de un fusilamiento en la madrugada, en una plaza de nuestro barrio, en el camino que une la Comisaría Tercera, Campomar y la Quinta. En los medios los milicos reconocieron las muertes, pero no hablaron de asesinatos a sangre fría, sino de enfrentamiento, para hacerse ver a sí mismos como justicieros ante el demonio de la inseguridad que supuestamente generaban los guerrilleros, o cualquiera que luchase ante una injusticia.

Este modus operandi de la derecha no comenzó  en dictadura. Sabemos de la existencia de comandos militares, avalados por el gobierno peronista previo a la dictadura, la Triple A. En nuestro barrio dimos con un militar de civil, que trabajó como custodio de traslado de presos ilegales entre el ´74 y el ´76, desde Pompeya y Retiro (Villa 31) hacia el Centro Clandestino que funcionaba en los sótanos de Fabricaciones Militares, en Villa Jardín, donde se cometían  torturas y asesinatos, en ocasiones incinerando cuerpos, en ocasiones arrojándolos al Riachuelo. Los traslados de personas allí iban hacia La Plata, Campo de Mayo, y hacia un frigorífico de chanchos en Villa Albertina, cuya ubicación no pudimos establecer con seguridad. Las primeras personas trasladadas, encapuchadas, desnudas y sin documentación, fueron mujeres, que eran vistas como putas por los milicos que las trasladaban.

El circuito Camps también se extendió por las calles de Lanús. El terror y el miedo a un enemigo inventado no solo se siembra en dictadura. La semilla del odio se inculca en democracia. Hacemos memoria no solo porque buscamos conocer la verdad y hacer justicia, sino para que la historia no se repita.

No perdonamos

No nos reconciliamos

Fueron 30.000

Fue un genocidio

https://fb.watch/bS1bOEO-Ji/

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