Vanesa Orieta a 13 años sin Luciano: “La impunidad nos va deteriorando”

Este 31 de enero se cumple un nuevo aniversario de la ausencia siempre presente de Luciano Nahuel Arruga, el joven de Lomas del Mirador que fue desaparecido y asesinado en 2009. Hablar de Luciano es hablar de una problemática latente; de hace 13 años, de la dictadura y de hoy. Vanesa Orieta, su hermana, recorrió la lucha, desde la impunidad hasta los logros. Como cada vez, interpeló a la justicia, al poder político y a los medios de comunicación tradicionales. Diferenció la violencia institucional que se sufre todos los días en los sectores empobrecidos, de la represión estatal que tiene como protagonista a las fuerzas de seguridad y a los y las jóvenes como sujetos de persecución. El domingo habrá una marcha. Hoy se proyectará la peli ¿Quién mató a mi hermano? en una plaza de Paternal.

Por La Retaguardia

—Venimos charlando en las previas de los 31 de enero desde hace muchos años y pensábamos: ¿cómo no repetirnos? Y la primera pregunta que se nos ocurre todos los años al comenzar es ¿qué sensaciones tenés hoy acerca de la cercanía de un nuevo aniversario de Luciano? Y tu respuesta no necesariamente es siempre la misma, porque obviamente con el transcurrir del tiempo te van pasando diferentes cosas. 

—Sí, y en esta oportunidad, y habiendo tenido muchos años para poder pensar y analizar todo lo que fue sucediendo, hay mucha historia en 13 años. Hay muchas vivencias. Por un lado, creo que la conclusión sigue siendo la misma: que la impunidad nos va deteriorando no solamente a los familiares de Luciano, sino también a todos los miembros de las familias que son tocadas por esta problemática. Nuestro físico, nuestra psiquis, nuestras emociones van atravesando por lugares diferentes que terminan generando un daño con el correr del tiempo. Y esto tiene que ver con la impunidad, con la falta de justicia y al mismo tiempo, en mi caso y en el caso de este grupo de familiares y amigues, también pensar la justicia a 13 años es algo muy difícil de pensar y de exigir. ¿A quién le exigimos justicia? Si, en definitiva, a quienes estamos denunciando por el largo proceso de impunidad es a la justicia. Estamos llevando a un jury de enjuiciamiento a tres funcionarios del Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires por haber delegado la investigación en la Policía denunciada (La Bonaerense) y por haber investigado a la familia durante un año y seis meses. Entonces, ¿qué justicia pedimos, a quién le exigimos esa justicia, qué tenemos para pelear en el ámbito del Poder Judicial? Y bueno, eso también genera un montón de sentimientos y contradicciones. Sí, nos lleva a hacer mucho balance, creo que a todas las personas que nos organizamos y luchamos. Y también la conclusión más feliz que se puede hacer es que la organización, la lucha y poder salir del estado de aislamiento y de silenciamiento que nos quieren imponer, es la forma más saludable de poder resignificar tanto dolor. 

—En este sentido, de esta justicia y de esta constante impunidad de hace tantos años recordamos que la única justicia parcial que tuvieron, que tuvo Luciano, fue por la condena por torturas a Diego Torales, y por un hecho ocurrido unos meses antes del episodio de la desaparición. Y en este caso no es solamente la familia, amigos, amigas de Luciano quienes esperan justicia, sino que hay tantísimos casos que se repiten y que todos los días se asesinan pibes. 

—Sí, antes mencionaba lo que nos generaban 13 años, el proceso de impunidad y una de las principales situaciones que los familiares nos empeñamos en visibilizar, es que se entienda que en la medida en que las causas no llegan a la verdad y por lo tanto no se puede condenar a los responsables materiales, políticos y judiciales de estos hechos, lo que se va generando es un proceso de repetición de estos crímenes horrorosos. En ese sentido, el rol de la justicia es criminal. También pensar que no se da esa independencia que se necesitaría en el ámbito del Poder Judicial para poder llegar a estos procesos de verdad y de justicia, y que cuando se trata de crímenes que comprometen las responsabilidades del Estado, ahí se presenta una asociación bien clara entre el Poder Judicial, el poder político y el poder mediático. Y la verdad que las familias tenemos que enfrentar a todo el aparato estatal que quiere todo lo contrario a lo que nosotros venimos insistiendo a través de la organización y la lucha, que es visibilizar estas cuestiones, sensibilizar, y por lo tanto poder cambiar la “normalidad” de lo que sucede, que es que tantos casos queden en la impunidad, sino todo lo contrario, que se empiecen a generar casos que puedan dar cuenta de esto, de que se llega al meollo del asunto, de que se condena tanto a las responsabilidades materiales como políticas y judiciales y que es un claro indicador de que realmente se está empezando a generar condenas que intenten torcer el rumbo de lo que hasta ahora vemos como resultado, que son muchos años de organización y de lucha en medio de procesos de impunidad, pero que aparte da lugar a que la familia la pasemos muy mal. Porque no es que en esos largos años que sucede nada, suceden un montón de cosas. Familias que se ven amenazadas. Nosotros mismos hemos sido amenazados, perseguidos, hemos pasado por situaciones muy dolorosas, muy violentas. Bueno, esto pasa con el resto de las familias también. Es esta justicia a cuentagotas de la que estás hablando. ¿Cómo puede ser que en una situación clara de tortura sufrida por un joven de 16 años, solamente haya un solo responsable condenado? Cuando todos los que testificaron y estuvieron presentes ese día pudieron dar cuenta de que estaban ubicados en ese tiempo, en ese espacio, en ese lugar, desmintiendo, por supuesto, la palabra de la familia y lo que Luciano había vivido, el horror que había vivido en ese momento. Pero, ubicándose en el lugar. Por lo tanto, si hay un policía condenado a 10 años de prisión efectiva por tortura, ¿qué ha pasado con el resto? Esta justicia a cuentagotas en lo que nos va desgastando y pensemos que es un proceso que se generó en paralelo a la causa principal, que es la causa por desaparición forzada, que aún sigue en etapa de instrucción en la justicia federal. Logramos hace muy poco que esa situación investigada, y que llevó a una condena, pudiera ser volcada de la causa de desaparición forzada. Pero todo eso requiere de una energía, que yo les puedo asegurar en un momento, no se sabe muy bien de dónde la sacamos las familias. Es un panorama muy difícil este que atravesamos. 

—Uno piensa la causa de Luciano y más allá de que la familia se encargó de señalar: «Estos policías eran los que estaban esta noche de la desaparición de Luciano operativos”, «acá estaban cada uno de los patrulleros esa noche», más el aporte que puedan haber hecho la querella particular del CELS. Pero básicamente, el impulso de las familias fue la que fue reconstruyendo cosas que cuando vos mirás la causa decís que no hay ningún procesado. Eso es increíble. Nadie fue culpable del secuestro de Luciano, nadie está sospechado por la justicia de haber sido responsable, siquiera. Estamos demasiado lejos de la justicia por Luciano. 

—Y…, si te tengo que responder a eso, creo que sí, que es muy difícil con este sistema que hoy nos toca padecer. Ahora, si realmente se pone la lupa sobre esa investigación generada en un primer momento por la justicia provincial y después elevada a la justicia federal, yo entiendo que hay mucho más material que indica y habla de las responsabilidades de diferentes miembros, de diferentes fuerzas de seguridad. Y que también cuando se investiga el rol de la justicia puede quedar evidenciado cómo se redirecciona la investigación en momentos clave. Cuando yo me acercaba, a los pocos días de desaparecido Luciano, a la Fiscalía ubicada en la Provincia de Buenos Aires, que era la UFI N°7 a cargo de Roxana Castelli (uno de los tres pedidos de jury), me hacían escribir mi denuncia en un papel. Yo era muy clara. Yo decía “mi hermano está desaparecido y sospecho que la Policía tiene que ver con esto por situaciones previas que Luciano venía atravesando de violencia con relación al accionar policial” y la justicia lo que decidía, era delegar la investigación a esa Policía que denunciamos, ocasionando daños irreparables y al mismo tiempo situaciones muy violentas para con nosotras. Digo, mi abuela, mi mamá, yo. Entonces lo que no está en la causa, no está porque hubo una acción de la justicia tendiente a llevar la investigación por otros carriles y eso es fundamental, porque cuando se decidió eso, claramente se dio tiempo a que un montón de datos importantes se perdieran, se destruyeran. De eso hay un montón en la causa judicial. Y después hay un montón de otros datos que no constan en papeles firmados y sellados en la causa, en los cuerpos de la causa judicial, pero de los cuales yo pude tomar conocimiento y que tuvo que ver con movimientos de personas ubicadas en lugares de poder y con posibilidad de cambiar la dirección de la investigación y que decidieron obrar en el sentido de la impunidad. O sea, está lo que está en la causa y está lo que no está en la causa. Todo eso da cuenta de que existió la necesidad de que nadie o ningún organismo del Estado estuviera comprometido en una causa de desaparición forzada. 

—No es que hoy la justicia no hizo nada, fue peor que eso: hizo todo lo posible para que estuviéramos ahora parados sobre la cima de un volcán de impunidad. 

—El Poder Judicial y el poder político. Sí. Y eso es letal en una causa de desaparición forzada. En estos tiempos, en estos largos años de lucha, lo que yo compruebo es que mi hermano tenía 16 años a la hora de ser sometido a procesos de tortura y a sus 16 años sufre un secuestro y desaparición forzada. Ningún organismo que protege los derechos de niños, niñas y adolescentes, estuvieron presentes ni en el antes, ni en el durante, ni en el después de la vida de Luciano, ni tampoco en la del resto de mis hermanos. Y esto habla de una desigualdad enorme que va afectando la vida de pibes y pibas de los barrios con relación a otros pibes y pibas que están ubicados en lugares privilegiados. Digo, no solo en la causa de mi hermano existió represión estatal de la mano del crimen de los crímenes que es la desaparición forzada, como dice Nora (Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo). Sino que mi hermano y el resto de mis hermanos y el resto de los pibes y pibas que viven en barrios humildes, en villas, sufren violencias institucionales, sistemáticas y tiene que ver con la falta de acceso a derechos fundamentales. Era fundamental que el Estado estuviera presente en la vida de mi hermano para evitar que una problemática de represión estatal se lo llevara y se aniquilara su vida, producto de una desaparición forzada seguida de muerte. Y esto sigue pasando en la vida de un montón de pibes y pibas, porque se dan dos violencias en paralelo, dos problemáticas muy crueles: la de violencia institucional sistemática desde que nacen los pibes y la de represión estatal, que es como ya el summum de la violencia. Necesariamente los pibes sufren violencia institucional, sufren criminalización y discriminación previamente a sufrir episodios de represión estatal. Cuando yo hablo de que ningún organismo que protege los derechos de niños, niñas, se hizo presente en la vida de mi hermano, claramente yo no estoy hablando de trabajadores y trabajadoras precarizados, sin herramientas materiales para poder llevar adelante sus tareas, que de eso conozco mucho. Yo sé del cuerpo que le ponen los trabajadores y trabajadoras en territorio a situaciones extremas de violencia que sufren las niñeces, las adolescencias y juventudes. De lo que estoy hablando es que no existe una decisión política que garantice, primero esto, que los trabajadores y trabajadoras podamos acompañar esos procesos de sufrimiento de niños, niñas y adolescentes, pero con las herramientas que necesitamos para poder abordar esas situaciones y que después estos pibes y pibas sufren procesos de indignidad humana que ya no se pueden describir en este programa de radio, que tenemos que ir y ver cómo viven esos niños y niñas en algunos barrios y la violencia que sufren para poder realmente hacernos una idea de lo que está pasando allí. Eso quería dejarlo claro, porque no hablo de los trabajadores. Mucho respeto siento por ellos y por ellas. 

—Cuando hablamos constantemente en La Retaguardia de sostener la memoria, de tener memoria y de la importancia de eso, ustedes como familiares y amigos, lo que lograron con el espacio de Luciano Arruga, con resignificar un espacio que era un destacamento policial, que era un espacio de tortura, de represión y que ya hace un tiempo es un espacio que de alguna manera también acompaña todas estas faltas que el Estado tiene para con los pibes y las pibas a partir de diferentes acompañamientos, de talleres, de todo lo que lo que allí hacen, ¿no? 

—Sí, representó un montón haber logrado la expropiación de eso que fue un destacamento para transformarlo en un espacio cultural en defensa de los derechos de niños, niñas, adolescentes, jóvenes, en poder empezar a hacer actividades en el espacio que los contemple como sujetos sujetas de derechos y que poco a poco también ellos mismos comiencen a apropiarse de ese espacio. Era lo que se buscaba desde el primer momento. Es una forma de devolverle algo a ambos barrios, que tiene que ver con nuestra lucha. Es una forma también de generar memoria en Lomas del Mirador sobre lo que pasó en ese lugar cuando representó un lugar de violencia para muchos y muchas jóvenes. Así que en ese sentido, sí nos parece que todos los espacios, éste y todos los que se puedan abrir o abrir sus puertas para que puedan integrarse a proyectos diferentes que no tengan que ver con lo violento, que los contemple, que los acompañe en su proceso, que se les dé la posibilidad de pensarse desde otros lugares también. Las herramientas lúdicas y artísticas me parece que un poco invitan a esto, a poder transitar caminos que representan un derecho también, el derecho a la diversión, a la recreación, al esparcimiento. ¿Por qué tenemos que estar peleando tanto para que un derecho fundamental en la vida de un ser humano se pueda entender como tal? Y que este ejemplo sea tomado por muchos otros espacios, pero no solamente por las personas que nos organizamos y luchamos, la verdad es que esto debería representar políticas públicas acompañadas de muchas otras que garantizan derechos, pero fundamentalmente se tiene que pensar que es necesario el esparcimiento, la recreación, el arte. A ustedes les hace bien, a mí me hace bien, a todas las personas nos hace bien. 

—En esa puntillosidad que tenés para encontrar las palabras exactas, para comunicar, “la impunidad nos va deteriorando”, dijiste. En el recorrido comunicacional que intentamos hacer acompañando a familias que pasan por el proceso de tener ausencias forzadas por la acción del Estado, nos encontramos con diferentes maneras de transitar, por supuesto, porque cada familia es una historia en sí misma. Y muchas veces nos encontramos con que, para poder seguir, esas ausencias, se hacen no tan cotidianas. Y en casos como el de ustedes, nos encontramos con una cotidianeidad en la que la presencia de la ausencia de Luciano es evidente. Y creo que todos los días. ¿Cómo van construyendo familiarmente esa ausencia tan presente? No sé cuánto tiene tu pibe ahora, pero ¿cómo van construyendo, por ejemplo, con él, esa, esa ausencia tan presente? 

—Bueno…, es que al estar muy presente. En el caso puntual de mí niño, que ya tiene 10 años, se fue hablando en la medida que fueron apareciendo las preguntas. Hasta dónde podía una, también hasta dónde podía el entorno contestar, por supuesto, pues se hace muy difícil, pero es un niño que ha participado de todas y cada una de las acciones que hemos llevado adelante. A veces con su presencia física, a veces escuchando o viéndonos en acción. Y siempre fueron apareciendo las preguntas y se intentó responder. Y también se pidió a veces un tiempo para poder responder porque no se tenían las palabras, porque ni una misma a veces tiene las palabras para poder responder a situaciones tan extremas que nos tocan en la vida. Me parece que esta problemática afecta principalmente a familias empobrecidas. Mi familia ha tenido la posibilidad de hacerse de un grupo humano muy importante, que ha acompañado, que ha contenido, que ha abrazado con mucha ternura estos largos años. Eso hay que resaltarlo y hay que siempre ponerlo como un factor principal a la hora de transitar estos momentos tan difíciles. Hemos crecido mucho en estos años de organización y de lucha, nos hemos hecho de esto, de relaciones humanas muy lindas, que se han podido sostener estos cuerpos, a veces muy cansados y a veces emocionalmente afectados. Y después, por supuesto, cada una de nosotras dentro del entorno familiar, hemos buscado las diferentes formas de poder ir sanando. También tiene que ver con algunos recursos que sentimos que tenemos, que son quizás un poquito más con relación a otras familias que les toca padecer esto. Por eso me parece que es importante decir que el caso de Luciano tiene algunos condimentos sumamente importantes que pueden dar cuenta de por qué esta familia pudo transitar 13 años y por qué el dolor no nos ha arrasado. Pero no todas las familias tenemos las mismas posibilidades. Y en ese sentido es que siempre tenemos que mirar lo que está pasando a nuestro lado, con otras experiencias, en otros contextos en donde se enfrentan cantidad de hostilidades y de situaciones violentas y de limitaciones sociales, materiales y simbólicas. En este caso me parece que el resumen es esto: que hemos tenido la posibilidad de tener un gran acompañamiento y creo que eso nos fue ayudando también a poder hacer un trabajo de formación y a siempre levantar la voz para que se entienda la causa que atravesó Luciano, pero que se entienda que al mismo tiempo hay un montón de otras situaciones, otros pibes y pibas con nombre y apellido que sufren esta problemática de represión estatal. 

—Estábamos viendo “El Reino”. Hay una escena en la que los protagonistas van a un barrio popular, y allí se produce un diálogo en el que alguien dice que la policía lleva a los pibes a robar y se quedan no más de 45 segundos hablando en esos términos. Y con Euge nos miramos y no dijimos nada. Después nos quedamos pensando y compartiendo, cosa que quizás vos, Vane, ustedes como familia, desde el dolor muchas veces no pueden dimensionar y nosotros por más que sintamos parte ese dolor, estamos en un lugar donde por ahí podemos pararnos a ver alguna de esas cosas; la dimensión que ha tenido, la que sigue teniendo la lucha de búsqueda de justicia y de verdad por Luciano. Es imposible pensar en esa escena sin ustedes contando lo que le sucedió a Luciano. Desde mi punto de vista, uno puede decir “Es una tontería, fueron 45 segundos en un programa pasatista de TV”. Y también uno puede decir ¡Guau! Desde una villa, desde una desaparición forzada, un grupo de personas ha podido construir desde el dolor algo de sentido que hace que hoy haya muchas otras personas, al menos sabiendo que la policía hace esto, que no lo hizo sólo con Luciano, que lo sigue haciendo y lo hace ahora.

—Qué bueno que te puede aparecer esa referencia y al mismo tiempo pensaba que en este tiempo, en este corto tiempo, se han visto algunas respuestas de parte de personajes importantes, vamos a decir, que dan cuenta de la importancia que ha tenido la lucha de las familias. Hablando de esta problemática, de la represión estatal. Lo que quiero decir es que acá hay muchas madres, y padres también referentes muy importantes, pero sobre todo hay muchas madres, muchas hermanas, abuelas, figuras de mujeres luchadoras que han tomado las calles y que han logrado generar cierta, hemos logrado generar, cierta visibilización y sensibilización. Así que me parece que es un agradecimiento, que extiendo al resto de todas las madres, hermanas, abuelas, mujeres luchadoras que hace tiempo vienen poniendo el cuerpo para que en pequeños fragmentos de una serie, de un discurso político, aparezca un mensaje, que se ven obligados a tener que dar porque los casos son muchos y la bronca también, que se manifiesta en la calle y se visibilizó esto. 

—La última pregunta tiene que ver con la marcha. El domingo hay marcha y es un contexto raro el que estamos viviendo. Estamos todos afuera y a la vez todos contagiados. La mitad del mundo tiene Covid y ustedes a pesar de eso decidieron hacer una marcha. 
—El lunes 31 es el aniversario de la desaparición y muerte de Luciano. El domingo 30, 18 horas puntual, vamos a estar arrancando con la marcha. Vamos a hacer una señalización desde Mosconi y General Paz (el lugar en que Luciano termina siendo atropellado por un vehículo mientras escapaba de la Policía) hasta llegar al que fue el ex destacamento policial, que hoy es el espacio social y cultural que lleva el nombre de Lu. Terminando en la Plaza Luciano Arruga. No será esta vez una actividad que se extienda. Va a ser este recorrido en marcha y la señalización del espacio. Representa una necesidad de estar en la calle, de seguir exigiendo verdad. Y aunque nos parezca raro seguir haciéndolo, ponemos la palabra justicia en el eje de nuestra denuncia por la falta de respuesta. Seguir hablando de una causa federal que está en etapa de instrucción, seguir hablando de jury de enjuiciamiento, que lleva siete años y que ha pasado por diferentes etapas. Claramente entendemos el contexto. Es un contexto que es preocupante y que obliga a que todas y cada una de nosotras y nosotros haga lo mejor posible en cuanto a las medidas de resguardo para con une y para con el resto de las personas que se encuentren en esa acción. Es en la calle, es en la vía pública y podemos hacerlo con las medidas de resguardo. Existe una necesidad por parte nuestra de volver a la calle porque estos hechos siguen sucediendo. Porque la pandemia no ha frenado los casos de fusilamiento, de tortura, de causas armadas, de desapariciones forzadas y la realidad demuestra que esto va a continuar porque la situación que se vive en los barrios es muy extrema, porque tenemos altos índices de pobreza, porque a la pobreza se la castiga y se la reprime. Y esto ocurría en tiempos en donde por ahí no teníamos tantos y tantas personas empobrecidas; y bueno, hoy con esta situación me parece que al no cambiar los discursos que discriminan y criminalizan, al seguir estando en el eje del debate, de los funcionarios políticos, de los medios de comunicación y de jueces y fiscales la cuestión de “la inseguridad”, me parece que ahí se sigue dando lugar a que sean los barrios considerados como “peligrosos”, los pibes y pibas como potenciales delincuentes, y que las medidas de control y disciplinamiento se sigan dirigiendo a un sector de la sociedad que es el empobrecido. Así que en ese sentido, las calles hay que tomarlas, y las acciones tienen que continuar. 

Se la ve cansada a Vanesa Orieta. Pero se la sigue viendo dispuesta a levantar la voz para denunciar y para exigir justicia. Seguramente se la escuchará gritar desde el sonido amplificado el próximo domingo en la cita de Mosconi y General Paz, como si el deterioro del que habló en esta charla no existiera. Hará un gran esfuerzo porque sabe que ella allí no será solo ella: su voz será la de muchas otras familias de casos más o menos resonantes, que se sobreponen al dolor cada día para seguir buscando justicia. Desde allí se irá hasta la plaza del barrio donde vivía Luciano Arruga, la villa “12 de octubre”. Para quienes no puedan ir, como todos los años, habrá una cobertura conjunta de medios comunitarios (La Retaguardia, La Colectiva, La Tribu, Antena Negra, entre otros, con cabecera en Radio Zona Libre, la radio de Familiares y Amigues de Luciano Arruga). Esta noche, desde las 20, se podrá ver la película ¿Quién mató a mi hermano?, de Ana Fraile y Lucas Scavino, de la que participó La Retaguardia. Será en una jornada organizada por La Colectiva Radio en la plazoleta Raymundo Gleyzer, Juan Agustín García y Espinosa, La Paternal.

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*Entrevista: Fernando Tebele/Pedro Ramírez Otero

Redacción: Agustina Sandoval Lerner/Marly Contreras/Fernando Tebele

Edición: Pedro Ramírez Otero

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