“Evita fuera del balcón”: un acercamiento terrenal al mito

“Es un libro hermoso” me dice la piba que atiende uno de los puestos de la feria autogestiva de libros de Nono, Córdoba. Un oasis en un territorio que camina poco a poco a devenir mercancía turística. En frente de la plaza y de la feria artesanal que funciona diariamente ahí, en un espacio cedido por la parte de cultura del municipio,  unos 15 puestos de editoriales y emprendimientos productivos del Valle de Traslasierra abren todos los días desde las 19:00 hasta la medianoche.

Entre los títulos encontramos libros únicos por la edición y el contenido, a precios no mercantiles en la mayor parte de los casos. Entre esos nos topamos con Evita fuera del balcón,  de Paco Jamandreu, escrito en 1981 y que en 2019 editó y publicó Caballo negro editora, editorial de la ciudad de Córdoba. La tapa y la contratapa llaman a atención. Los ojos de Eva, la superposición de sus imágenes, la idea de “fuera del balcón”. La hojeada obligada del libro sumado al comentario de quien atiende el puesto hace que, luego de una primera vuelta a toda la feria, nos lo llevemos.

De ahora en más, los primeros cuatro días de vacaciones el libro nos abduce, nos atrapa. ¿De qué va? Paco Jamandreu, emblema de la moda, ícono gay, amigo y modisto de Eva Perón,  cuenta sus primeros encuentros con ella y su vínculo atravesado por la creación de ropa para las diferentes actividades que Eva realizaba, al principio tanto para su carrera artística como para la política. El libro está acompañado de ilustraciones del mismo Paco de la vestimenta que vimos cientos de veces en las fotos de Eva Perón. Su ropa hace parte del mito que su existencia crea.

Ilustración en el libro del tailleur cuadrillé muchas veces usado por Eva en diferentes estampados

El libro tiene un tono intimista que habilita una lectura que nos conecta con Evita desde otro lugar. Entrar al mundo de cómo se levanta, qué hace, qué desayuna, si le gusta el sol o se aburre en la quinta de San Vicente los fines de semana, cómo piensa lo que quiere vestir y qué la desvive es un ejercicio que habilita el libro de Jamandreu y, aunque suene clishé, nos obliga a decir una vez más que a pesar de que la obra se precie de “apolítica”, lo personal es político y esta lectura es un enorme aporte a salirnos de esa escisión  y volver a una mirada integral.

En el transcurso de la lectura doblamos muchas puntas de hojas para marcar pasajes que por alguna razón nos conmovieron. El primer encuentro, la escena de Perón tirado en la cama comiendo un choripán, el primer diálogo, la inquisición permanente de Eva, la personalidad que se lee en los intercambios relatados por Paco Jamandreu. Retomamos algunos e invitamos a la lectura de un material que permite un encuentro distinto con uno de los mitos más grandes del siglo XX. Entrar a Eva por acá se vuelve, sencillamente, apasionante.  

«Un día entero de Eva Perón fue siempre un total misterio. Lo que sigue es exacto y nos muestra la vida cotidiana de la mujer del siglo.

Eva se despierta todos los días entre las seis y media o siete, no es de despertares alegres, con música y desayunos en bandejas de playa con carpetas y servilletas de encaje y linón.

Salta de la cama, ya en deshabillé, recibe a Irma, la mujer que fue confidente, amiga, mucama, la única que tenía acceso a sus aposento, allí a la disparada toma un té con leche, come dos o tres galletitas Express que la mayor parte de las veces apenas prueba». (Jamandreu, 2019: 55)   

“La sencillez en unos aspectos de su vida contrasta enormemente con sus atuendos y sus reacciones que marcan otros momentos. En mi libro La cabeza contra el suelo cuento cómo ya vestida y lista para una gran velada, con un soberbio traje de noche y alhajada, mientras el peinador da los últimos toques a su peinado, pide dos huevos fritos que come sobre la falda y poco le importa que ministros y embajadores, luciendo entorchadas galas e impecables fracs los esperen. Para ella son inútiles y pierden siempre su tiempo y lo dice casi gritando: ´¡Que aguanten esos cornudos. Para la mierda que hacen bien pueden esperar!´ En el fondo los subestima y los cree llenos de bajezas; les desconfía.” (Jamandreu, 2019: 69)   

“Tampoco le gusta practicar deportes, ni equitación, ni natación. Ni siquiera la distraía cuidar las plantas y flores de la quinta, hobby que Perón adoraba hacer en las mañanas de los domingos mientras se preparaba el clásico asado. Todo esto nos da la pauta de que a Eva Perón le interesaba exclusivamente lo que se refería a su carrera política, y a su obra, y creía robar a ello todo minuto dedicado a otras cosas que todos hacemos para liberar nuestra mente” (Jamandreu, 2019: 69).

Texto por Antonella Alvarez

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