Horacio González: Repensar críticamente al periodismo

A mediados de 2013 nos encontramos con Horacio González para hablar de su reciente libro, “Historia conjetural del periodismo”. Era una excusa para repensar el oficio, en una charla que fue surcada por el contexto de época en donde la Ley de Medios vigente resistía los embates de los medios hegemónicos.

Por Juan Manuel Ciucci

Ilustración de @camilagonzalezadel

¿Cómo surgió “Historia conjetural del periodismo”?

Horacio González: En realidad quería escribir un libro que fuera sugestivo, es decir, que no tomara el problema de lleno. Que no dijera la palabra “Corpo”, por un lado, para resolver un problema más complejo; y por otro que no repitiera una historia más amplia que nace en la Revolución de Mayo con el periodismo. Y que por esto mismo planteara que la Ley de Medios que hoy está bajo discusión, tiene una historia más compleja que la propia Ley de Medios no trata ni tiene la obligación de tratar. Me parecía que una ley de esa envergadura, que tiene un trasfondo histórico, era una rememoración que remitía a uno de los grandes diarios de Argentina. De ahí que empiezo con el diario inglés de la ocupación militar en Montevideo y Buenos Aires, The Southern Star, que es un diario muy moderno para la época, porque es un diario que tiene la ideología de la oposición, la hace con extremo cuidado. Una ocupación que es un hecho brutal, de carácter militar y absolutamente repudiable, tiene un diario hasta cierto punto refinado porque viene con odas de poesías latinas y esas obras llevan a la política tanto como al Almirante Nelson como de William Beresford. Entonces ahí hago la pregunta de si el periodismo no tendrá su origen además de todos los orígenes conocidos en las crónicas medievales, en las grandes leyendas, también en los partes de guerra.

Ahí aparece la veta en la guerra que atraviesa todo el periodismo que de alguna manera puede ser considerado como una pieza fundamental y vinculante en sociedades que tienen distintos grados de tensión e inclusive que se resuelven por la vía militar. En la cuestión de la narración, lo que digo es obvio, pero lo es menos si vemos cómo narra un periodista o cómo narra el autor de una crónica una batalla. Por eso hago ligeras alusiones a los partes de guerra de Bolívar. Muy ligeras porque son formas de un periodismo detallista que hasta hoy no se ha perdido. El periodismo detallista hoy aparece más vinculado a la visión objetivista del relato militar, una vez que sucedió la batalla. Y del relato de cualquier hecho, que también me parece que es un tema a definir, qué es un hecho, cómo lo define la filosofía contemporánea. Por eso el periodismo va de definir una guerra y el canto a la guerra con las odas hechas a los militares, como definir qué es un hecho, una maraña de acontecimientos, secuenciales, que llamamos historia. Ahí tenemos toda la filosofía del Siglo XX que trata de definir qué es un hecho, lo que el periodista cree saber de antemano. Es una crítica al periodismo un poco influida por Karl Kraus, al que cité un par de veces nada más para no dar tantas pistas de lo que uno copia (risas). Es una crítica amable, porque ¿qué es lo que hace uno? periodismo, ¿qué somos? Periodistas, queramos o no.

En el marco de estas nuevas tecnologías, hace la historia del periodismo pero la liga muy directamente a los diarios…

HG: Sí, a los diarios. La verdad que no me animé a entrar en lo que podemos llamar el periodismo de imágenes o a la nueva tecnología de la comunicación, con la cual tengo más críticas. Pero de todas maneras estos elementos están presentes. Es la historia del periodismo en Argentina que está tomada, no la examiné demasiado, he revisado la historia del periodismo de Inglaterra y el papel que tiene la libertad de prensa, es una discusión típicamente de organización social en Inglaterra. Una gran apología de la libertad de prensa de Milton, de “El paraíso perdido” del siglo XVII, o sea que de algún modo los temas que se discuten no son nuevos.

Lo que me pareció novedoso en esta discusión es cómo aparece el periodismo de la vida cotidiana, de la moda, que hacía Alberdi y que le dedico un tramo largo. La discusión de Sarmiento con Alberdi que también es una discusión fundamental, un periodismo de guerra que tienen mayor significación desde el punto de vista de una lucha política: el frente periodístico o el frente militar. Sarmiento pone el frente periodístico por sobre el frente militar, en cambio Alberdi a la inversa. Lo declara loco entre otras cosas por creer que un conjunto de notas o un boletín pueden ser superiores a una carga de infantería. Bueno ese problema parece estar resuelto, mucha gente cree que es superior la carga de infantería de la prensa que la carga de infantería del terreno real. Es una discusión que ocurre durante un año entero, llenas de insultos interesantes, mucho más interesante de los que se escuchan hoy por la radio. Modelos de polémicas con intento de destrucción del honor del contrincante, eso lo logran bastante bien porque terminan muy maltrechos los dos.

Después paso a tomar estudios de otras personas que han hecho grandes estudios sobre diarios. Luego reviso la polémica Mitre- López que es en el contexto de cómo escribir la historia, que si le cambiamos los nombres es cómo escribir periodismo. Que también es una gran polémica, donde Mitre insiste que fuera documental y López insiste, fiel al hijo del autor del himno, en la historia oral porque de allí saldría un periodismo mucho más fluido que el que hizo después Mitre. Sin embargo el que hizo una carrera periodística que unió un diario al destino nacional fue Mitre, no fue López, que tenía artificios estructurales más preparados para hacer el diario. Sin embargo fue Mitre quien se dice que ganó la polémica. A partir de ahí tomo… no tuve tiempo de investigar, la palabra conjetural significa “no tuve tiempo de investigar” (risas), siempre Borges te salva, es una palabra bien borgeana. Tomé mucho de un libro muy bueno por supuesto con el precepto de la cita, es “El Estado en La Nación”. Lo primero que descubrí cuando lo leí por primera vez, por tomar sólo los editoriales, es el juego de fuerzas en el que participa un diario. Después vi que el análisis era tan interesante a la manera de Bourdieu, todo el juego de la esfera de poder frente a la esfera intelectual que se hace en los editoriales de La Nación durante un siglo. Es interesante porque muestra una enorme versatilidad del diario, por ejemplo del peronismo, tiene varias posiciones que van cambiando. Un hecho curioso es que elogian el discurso de Perón de 1944 sobre la defensa nacional.

Después para “Crítica” un libro de Silvia Seita sobre Botana, que también me parece un cierto antecedente del peronismo, en cuanto al del manejo no sólo del folletín, sino a través de su mujer Salvadora Medina Onrubia el manejo del lenguaje evangélico. Intenta tocar un punto en el evangelismo de Evita también y eso no se logra, la anarquista Onrubia no logra tocar el evangelismo de Evita, que no era un evangelismo anarquista precisamente estaba dentro del Estado, pero hay un intento de que se toquen antes de que desapareciera “Crítica”. Por eso siendo un diario tan complejo, porque es amarillismo criminal, izquierdismo pro-república Española, críticas a Lugones, golpismo contra Irigoyen, suplementos de Borges, Roberto Arlt. Así que hay una especie de extraño modernismo evangélico, golpista y amarillista, y lo hace un diario donde convergen todas las decisiones de una época. Quizás no pasó de este modo nunca en los años subsiguientes, todos los diarios toman algunos de los aspectos que Botana quiso armar, incluso la radio. “La Nación” en aquel momento, en los años 20, intenta una radio de modo que la idea de un diario yendo hacia la radio ya era muy temprana. Es decir que tampoco estamos descubriendo nada nuevo ni hoy ni antes.

Usted focaliza que todos aquellos intentos hoy están muy concentrados, el papel de la prensa comienza a ser más preponderante que en los primeros tiempos…

HG: Pero con menos autoconciencia respecto a lo preponderante o a la capacidad de incidir en un mundo histórico político. Hoy es evidente que cualquier artículo de Pagni tiene consecuencias en alguna de las ententes que se configuran todos los días para configurarse al otro día y rearmarse en puente. En aquel momento la autoconciencia social respecto de que un diario forja su propia hipótesis de verosimilitudes, establece su propia legalidad, no es la sociedad quien dice lo que es lo objetivo sino que es el diario que le dice a la sociedad cómo hay que ser objetivo. No hay una conciencia de eso en los diarios, hay una representación natural, espontánea y hasta crédula de las fuerzas económicas, sociales, de la problemática tanto liberal republicana en “La Nación” como desarrollista liberal en “Clarín”.

Hay una hipótesis al principio de una tributación que realiza el periodismo a los estilos literarios. En cada época hay una especie de estilo, lo marca más puntualmente el tema de los nuevos periodismos de los ´60 con Rayuela…

HG: Sí, esa era una idea de Nicolás Rosen, yo la leí en él y también leí las críticas que se le hicieron, por parte de periodistas que leían a Rayuela pero que decían “no es que trasladamos en una carretilla Rayuela al diario”. Pero para este caso habría que hablar de lo que se llamó un espíritu de época. Efectivamente tanto para lo que se llamó el nuevo periodismo de la época que tomó indudablemente la idea de que un hecho tiene cierta capacidad de soltarse a su contexto, que tiene vida propia y la capacidad de ejercer un llamado a un cronista que lo tome en su singularidad. Tanto eso, como Cortázar mismo hace humoradas persistentes sobe el periodismo y se pueden tener críticas al periodismo tradicional con una suma de hechos, que era lo que implicaban algunos tramos de Rayuela. “Estaba tejiendo y se ahorcó en Lanús Oeste con parte del tejido”, eso sonaba como una catástrofe absurda y ocurrida en un lugar inverosímil. Como si el periodismo partiera de algo que no se da cuenta que contiene, el absurdo. Las críticas que hacía Cortázar, como todas sus críticas, críticas cariñosas, es decir veía el lado del juego y el lado lúdico que había en el periodismo. No darse cuenta lo jocosa que es la vida, y tratar como tragedia un drama que en el fondo es algo que admite un humor de cómo la vida cotidiana se va desarmando sin que el que esté inmerso en ella lo perciba. De todas maneras, llevando las cosas a ese extremo, se puede decir que tanto Borges como Roberto Arlt hablaron mucho del periodismo; y no que hayan hablado sino que lo problematizaron como Cortázar en sus obras. El libro me compromete con muchos temas profundos tratados a la ligera y muchos temas profundos que ya traté antes y que reformulé un poco. Es un libro que debe asumir lo que muchos no asumen, es casi innecesario (risas). Ya sea porque lo escribí en otro lado, ya sea porque en el formato de libro que me salió un poco desconectado, como si fuera demasiado pastillas periodísticas. Quizás influido por el tema, escribí un conjunto de pastillas de algún frasquito que no sé de dónde he tomado…

Con ausencias de notas al pie…

HG: Eso también lo quise hacer así, citando ligeramente, un paréntesis descuidado, deliberadamente descuidado, porque estoy cansado de los libros académicos ¿Qué demuestra la nota al pie? Si vos tenés un Lanata que juega con la ausencia absoluta de la prueba, pero que al mismo tiempo es aprobado por todos los académicos que están en contra del gobierno, que si les faltara una nota al pie de página correcta se morirían ¿Qué significa eso? Yo también quise darme el lujo de escribir con muchas pruebas pero tomarlas a la ligera, y no usar ni la ausencia de pruebas ni la supuesta prueba científica que significa el rigor de la cita al pie de página, sin el cual la estructura académica aparentemente caería.

En el caso de Borges, el diario cumple el papel de destino, el caso específico es “El jardín de los senderos que se bifurcan”, todo ocurre alrededor de una pequeña anécdota que es señalar la localidad de Albert donde van a desembarcar los ingleses, ¿Cómo se consigue?: asesinando a una persona de apellido Albert, por parte del espía alemán. Por supuesto que todo esto remite al examen mutuo de la cultura inglesa con la cultura china, es decir, remite a Borges pero Borges remite a la lectura de un diario. Lo mismo en  “La muerte y la brújula”, en realidad, leyendo el diario, el asesino se encuentra con las noticias de los asesinatos que él produce, tal como son tomadas en los diarios, produce una confusión en la conciencia de su doble invertido que es el inspector. El diario es un nexo irrisorio, algo fugaz casi innecesario. El periodismo es muy inferior respecto a la gran literatura, sin embargo la literatura lo pone en un lugar clave del destino, un lugar imperceptible, como diría Borges y no muy diferente de lo que pasa hoy. En Roberto Arlt, “La redacción”, que representa la sociedad. Los personajes leen constantemente el diario. Cuando muere Erdosain en el tren, una persona está leyendo el diario y como ya había salido su foto en el diario, las personas estaban horrorizadas cuando lo ven. Erdosain es un alma en pena cristiana, es un asesino perdonable cuando lo ven tirado en un charco de sangre. Los buenos burgueses que saben que existe por el diario, dicen: “Erdosain el asesino”. Todos esos juegos me parece que hacen al periodismo algo fútil e indispensable, como una especie de filosofía de los a praxis, tomando a Gramsci. Sucede que una sociedad se organiza alrededor de sus medios periodísticos comunicacionales y eso no cambió mucho así sea el programa de Lanata o una nota de Beatriz Sarlo en La Nación.

Una cuestión que está presente y que nos interesa discutir es la idea del periodismo como un oficio o como una profesión.

HG: Ahí intenté juzgar desde el detrimento del oficio. El oficio es saber la volanta, la bajada, la titulación, la semiología que corresponde al periodismo. La profesión me parece más ubicable a los grandes textos, vinculados a la idea de profesión como algo que te pone en contacto primero con la vocación y después con la suerte de examen profundo del horizonte moral de una sociedad. Lo que hice en este libro es un intento de querer suponer que se puede reconstituir una objetividad periodística como profesión después del paso de este debate. Es un debate que tiene un lado de salvajismo poco recomendable pero que permite afilar la pluma de muchos, en el sentido que es un debate interesantísimo. Por ejemplo, juzgar a Lanata es interesantísimo, juzgar lo que hace Lanata no es sólo un instrumento de Clarín, es algo que va mucho más allá de eso. Es un cierto uso del lenguaje que otro periodista de Clarín no está usando.

Habría que proponerse aquí la gran tarea del estado del lenguaje de una sociedad y cómo sostiene el modo en que habla el periodismo. El programa de esta chica Elizabeth Vernaci que está constituido por un largo encadenamiento de puteadas ¿Está sostenido realmente por la sociedad? ¿Es un espejo del habla social? O es una construcción ficcional del lenguaje donde hay un personaje teatral que puede ser Vacarezza que habla sólo con puteadas. ¿Se hablará así alguna vez o sólo esto es simplemente un programa jocoso y se ficcionaliza un personaje cuando putea? Si no fuera así, sería bastante grave porque es un indicio de una degradación de la lengua bastante grave, lo normal será la puteada y lo anormal será preguntar dónde para este colectivo.  En cuyo caso se produciría un fenómeno interesante: la Real Academia debería ser derivada a cómo hay que putear y demás. La puteada es la idea de la muerte, del crecimiento, de la maldición, del odio. Pero la escuché en el taxi recién, medio escandalizado y no puedo escandalizarme por eso, está en todos lados, lo que pasa es que compactado, tiene un cierto poder de escándalo. El lenguaje de Lanata: ¿de dónde sale ese desprecio irónico con cierto guion –seguramente hecho por él- donde hay ciertos chistes?  Sale de las múltiples fuentes que siempre estuvieron en el periodismo: el teatro, la poesía, el vaudeville, el teatro popular de calle. Entonces lo que parece muy nuevo –un programa que apunta a demoler un gobierno- es viejo desde el punto de vista del lenguaje, pero nuevo en su efecto en la medida que utiliza la parodia en las figuras principales del Gobierno. Hay que preguntarse si es una parodia que acompaña para reflexionar mejor sobre dichas figuras o si tienen meramente un efecto destructivo. Creo que en este caso es esto último, pero no siempre la parodia juega así.

Las revistas “El mosquito” y “El quijote” hacían eso, desnudaban aspectos del poder e incluso el tema era la corrupción, y lo hacían de un modo no diría más complaciente pero con una distancia entre una acción política real, de carácter golpista, y el tejido general de humor que tiene una sociedad. En “El quijote” menos porque es la que más participó en el golpe del `90, parece despectivo llamarlo golpe pero si lo tomamos respecto de lo que hoy llamamos golpismo, fue el golpe de Alem y Mitre contra Juárez Celman cuya caída permitió poco después. En general, la historiografía lo toma como una “coalición de fuerzas democráticas” contra un gobierno corrupto, ahora: ¿podemos seguir manteniendo ese modelo? Esto lleva, incluso, a la revisión del golpe del `90 con toda la simpatía que le tengo a Alem y mucho más a Irigoyen. Son personajes simpáticos de la Argentina porque uno es un suicida, el otro un viejo zorro pero con una especie de filosofía moralista realmente interesante. Después eso no se repitió. Dos personajes que usan la prensa, la prensa se les superpone y se podría decir que la fusión entre político y director de un diario está representado en casi todos los que quisieron gobernar, ya no un país sino una época como Eduardo Ortiz: político y director de una cadena de diarios.

Ese fue el caso Botana, el caso Noble, de algún modo el caso Timerman, a quien trato con cierta complacencia porque descubrí que es un gran libro “Prisionero sin nombre, celda sin número”, con un gran título. Define mejor la época que el diario “La Opinión”. Creo que el diario fue más allá que el pobre propósito de mediar entre las fuerzas sociales, e incluso entre la guerrilla y el ejército. El que se atribuye ese propósito se atribuye gobernar la época. El libro revela lo que es la pérdida de la noción de tiempo, de persona. Después el tramo difícil de juzgar “Convicción” de Massera eso es difícil, escribí apenas una paginita. Lo mismo el caso Perrota. Mi libro es tan desparejo que me olvidé de citar cosas interesantes, no así el de “Noticias” que lo cité. Sobre los diarios todo el mundo escribió, lo que me di cuenta que cada diario importante tiene a alguien que crea un libro muy interesante, como si el diario fuera el nivel crítico práctico de una teoría literaria, eso no nos podemos sacar de la cabeza. Un buen periodista diría no, no es así, no estamos aplicando ninguna teoría literaria.

Hablando del lenguaje, dice que el periodismo contemporáneo es un producto de la crisis general del lenguaje.

HG: Creo que es lo que te decía, si vos tomás a Alberdi, “La Moda” se basa en Mariano José de Larra, cronista de Madrid de los años `20, Siglo XIX. Intenta imitarlo y lo hace tan bien que va un poco más allá. Lo que hace es un diario que dice “Viva la Federación”, le saca el Santa y evita el Muera, era un diario posible para Rosas. Como el suplemento de la CGT de “La Prensa”, que era un diario posible para Perón. ¿Qué es lo que impidió que Alberdi hiciera el diario posible para Rosas? Un poco porque estaba De Angelis, que es un genio pero con intereses en el periodismo, la arqueología, en la geografía, en los mapas y es el máximo periodista a sueldo que hubo en la Argentina. Era un humanista, renacentista, era el intelectual orgánico de la época, de grandes dimensiones. “El archivo americano” es uno de los grandes diarios argentinos hecho por De Angelis en tiempos de Rosas. Pero, ¿por qué Alberdi no lo puede hacer?¿Por qué no puede hacer César Tiempo el gran suplemento cultural del peronismo? Porque los gobiernos populares no se sienten populares si no tienen una doctrina que cierre sus suturas, que permita el canto, la heráldica, la identidad inmediata. Todos estos diarios son de identidades no inmediatas. Este movimiento suavizador los movimientos populares de gobiernos fuertes no lo han admitido, tampoco el peronismo. César Tiempo hacía artículos sobre Frida Khalo, sobre Neruda, la continuación de Boedo está en el peronismo, pero eso el peronismo no lo puede asumir. El drama del peronismo es que no puede asumir enteramente todas las cosas interesantes que salen de su interior, después de decir que debería contenerlas todas. Te diría que lo mismo pasa ahora.

Ahí también está Scalabrini…

HG: Scalabrini era alguien que se hinchó de Perón, pero a la manera de Scalabrini. Hijo de un sabio positivista que vino de Italia para fundar la Escuela Normal de Paraná, que era un arqueólogo. Ameghino cuando descubre un mamut en La Pampa, le pone Scalabrinitherium. Tenía algo de santo, de sufriente, algo de penitencia que se imponía en apoyar lo que no le gustaba. Porque el peronismo con todo su palabrerío y demás no le gustaba. Perón le clausuró revistas, le impidió artículos, eso no le gustaba, obvio. Pero tenía la idea sacrificial del intelectual. Escribe un gran artículo en “Que”, revista que dirige, donde hace su vida paralela con quienes recibían medallas de la lealtad de Perón y fueron golpistas, y el que era un marginal al que no escuchaba más el gobierno, sale a defenderlo. Ese es el máximo drama del intelectual argentino: defender no sólo lo que le parecía enteramente bueno pero que tenía lógicas que él aceptaba muy profundo, pero que además era un gobierno que lo había rechazado. Por eso también sigue interesando Scalabrini, si sólo fuera un analista de economía ferroviaria o petrolífera, sería muy interesante. El análisis de Scalabrini es sobre la condición mesiánica intelectual, eso es lo que le sigue interesando a la militancia.

Algo como lo que le pasa a Cooke…

HG: Sí, lo que hice fue juntar rápido un montón de cosas… Sobre todo en el libro que escribí la pregunta es: ¿vale más una investigación en serio que un libro que tampoco es de divulgación, porque está escrito de manera arácnida pero rápida? Diría que la cultura argentina se debe componer de este diálogo. A quienes digan “esto no interesa nada hay que investigar en serio”, yo diría que ninguna investigación seria se puede privar de establecer los nexos como los que yo intento establecer ahí. Suena muy jactancioso, pero lo digo después de 40 años de universidad (risas).

Hay una especie de llamado a encontrar una nueva objetividad, después que se han patentado las posturas o al menos eso pasó en estas discusiones…

HG: Hubo como una floración de todo un espíritu de comunicación social, una suma de intereses específicos, manifestantes de los diarios, los diarios hablan sólo de ese específico. Si esto fuera así, evidentemente todo el periodismo sería la manifestación de intereses particularistas, que es lo que intentó disfrazar Clarín, sin duda. Pero si lo tomamos con la idea de un diario donde hay noticias de turf, de asesinatos, de recetas de cocina, Caloi, etc, todo eso le pone una especie de magma a conversaciones sociales que están expresadas a través de géneros periodísticos de distintos tipos. Si realmente Clarín, no sólo sus páginas políticas, sino su conjunto fueran manifestaciones de interés económico… nos estaríamos perdiendo lo lingüístico, el modo en que la sociedad reclama que ciertas palabras no estén siempre en discusión, incluso la puteada.

Se le adjudica al kirchnerismo algo interesante, que desarma los lugares comunes que una sociedad inconscientemente va aceptando. El peso colectivo que tiene la sociedad, el sentido común hace una gran masa. ¿Qué hacer con esa gran masa? El sentido común tiene que ser demolido, expresarlo, derivarlo hacia zonas más cuidadosas. Sentido común como el que generó Clarín, las negritas de Clarín, ¿cuál es el sentido común? Ninguno, cualquier frase que digas la habrán dicho millones antes que vos. De Narváez no descubrió nada en ese tipo de publicidad que hoy tiene que explicitar, pero Clarín ya las sabía, “el diario sos vos”. La publicidad más extensa es eso, es la ficción de que alguien te está representando como nadie, como ningún otro, de una manera específica, directa y sin mediación. Al destruirse esa idea, el kirchnerismo viene a decir “esta idea no va”, esa me parece que es su gran contribución. Ahora yo le agrego algunas cositas: la idea de que la sociedad fabrica esos lugares de descanso. Si el kirchnerismo lo hace, por qué va a imponer su propio descubrimiento, todos esos focos de intereses,  a la manera de la comedia francesa, donde todas son zonas conflictivas que generan vacíos permanentes, desacuerdos creativos, el kirchnerismo es eso. Esto ya aparece en Laclau, el significante vacío significa eso.   

Estas son reformas importantísimas, ni siquiera suponen la tradición comunista del siglo XIX, ni la tradición jacobina italiana, la tradición de Maquiavelo. Yo digo que el gobierno que abrió la caja de Pandora ( preguntó qué intereses que representan los medios de comunicación están entrelazados con la justicia mediática), tiene que hacerlo en otras instancias que permita a los que no están muy convencidos con el gobierno, que protestan por cualquier cosa, que permita una mejor discusión de lo que se quiere hacer para que sea una real contribución a Argentina. Que es decir, al mismo tiempo, cómo se construiría un nuevo nivel de objetividad social, pero sobre todo en los medios de comunicación. Por lo tanto deben, en el Estado, el gobierno, en los canales de televisión, generar otro periodismo y no ampararse en eso de que como todo es subjetivo, particularista, entonces el nuestro también. Si el nuestro también, justamente denunciamos eso, y hacerlo es tratar de reconstituir un bien social que no se tiene que perder.

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