Horacio González: Filosofía, filialidad y “vida sana”

Marzo del 2016 y Horacio ya armaba punta de lanza para comenzar a enfrentar el avance macrista. Una reflexión crítica para las posturas iniciales que intentaban una refundación que llevaría al colapso económico y social de la Argentina a fines del 2019. Nuevamente, palabra en acción del más importante intelectual argentino de las últimas décadas, que lejos de temerle al compromiso político, lo entendía como una opción impostergable.    

Por Horacio González

Este es un comentario sobre el siguiente fragmento de la entrevista a Macri realizada por Jorge Fontevecchia en Perfil, el domingo 20 de marzo. Dice Macri: “Creo que el siglo XXI alineó ideologías en función de un resultado. La gente quiere vivir mejor, la gente quiere tener una vida sana, quiere hipercomunicarse, quiere proyectar el futuro para sus hijos, entonces busca quién es el que le da esa garantía. Después hay una minoría que quiere relacionar eso con historias y razones y filósofos… Pero la verdad es que, al final del día, lo que importa es mi hijo. ¿Va a tener un mejor futuro que yo? O sea, ese amor narcisista que uno canaliza en los hijos. Uno quiere garantías, y eso es lo que busca la gente”.

Creo que es un fragmento muy decisivo para seguir discutiendo lo de siempre, es decir, ¿cuáles son las razones para fundar una política? ¿cuáles pertenecen al “reino de la necesidad” o al “reino de la libertad”? En el transcurso de la entrevista, Macri se refiere muchas veces a la cuestión filial, y se expresa en términos de la libertad de opción de los hijos, luego del período formativo, supuestamente bajo la protección paternal. Más allá de la simplificación que encierra esta idea, predomina la idea de un mejoramiento de la vida, que posee una ambigüedad y una generalidad donde cabe todo, desde las “mejores intenciones” hasta los involuntarios encubrimientos de lo impensable, lo que siempre anida en la “intención del bien”.

Esto ya le fue muy criticado al “macrismo”, pues se trata de una generalización sobre la apariencia de felicidad que no está en condiciones de describir las ambientaciones sigilosas de la existencia en general. El propio Macri no carece de esa destreza cuando –en la misma entrevista- describe a las situaciones políticas como “tóxicas” Tampoco esta palabra del “reino de la autoayuda” es la apropiada, pero entendemos lo que dice. Porque entendemos también que el sujeto político está más cruzado por más líneas de tensión y drama que las que Macri reconoce en su peripecia “filial”.

Esta filialidad ideológica tiene obviamente, el peso de su genealogía familiar –la que no consideraremos ahora-, pero ocupa un lugar central en la oposición que el entrevistado propone: los “valores” exaltados son “vida sana, hipercomunicación, futuro para los hijos”, como claves para la política. “La gente quiere garantías” para realizar esos valores. ¿Y qué opone? Hay una “minoría”. Esa “minoría” quiere relacionar “eso” con “historia, razones y filósofos”. ¿Está bien trazada esta oposición? Son los idiomas domésticos, los “dioses del hogar”, que sin duda incluyen la “hipercomunicación”, y por otro lado, el mundo de las “razones filosóficas”.  Está establecido que se ama a los hijos, pero no está  escrito en ninguna parte que eso esté exento de dilemas. En cambio está escrito que la filosofía es una herencia delicada, optativa e imprescindible en cualquier acto político, pero no está establecido en ninguna parte que eso de garantía alguna. Lo cierto es que el mundo filial y el mundo filosófico nunca se contraponen pero tampoco aparecen como una exclusión que nos permite exceptuarnos de los verdaderos problemas. Lo que hace Macri es vivir en el reino de esa excepción, las excepciones hacia sí mismo, excepciones a su favor, que quiebran voluntaria o involuntariamente todo lo que supone su contacto con las razones generales de una “ley moral”, que son lo contrario a las “tablas de la ley”. Son en cambio formas imprescindibles del rechazo al encubrimiento de índole sentimentaloide y tecnicista (son complementarias) que nos llevan a ignorar la naturaleza intelectual de los problemas, aunque nunca sea necesario llamarlos así. Pero es esa y no otra la base real de todos los sentimientos, incluso el profundo y enigmático sentimiento filial.  

El desprecio a la filosofía como arte de minorías en nombre de un paternalismo encubierto (con la garantía final de la hipercomunicación, según sus palabras) nos devuelve de la peor manera al mundo en que dice querer ver libertades: un mundo doméstico apariencial, donde la gente “quiere proyectar el futuro para sus hijos”. Todos los que saben que esa situación está envuelta en toda clase de decisiones vulnerables (y por lo tanto está bañada de milenios de filosofía) no se animarían a ese acto de demagogia tan evidente que es establecer un concepto impide desconocer una dificultad inmanente en torno a los hijos. Hay hijos porque hay filosofía y el mundo filosófico carga el dilema de la filialidad. El macrismo introduce distintas aboliciones: esta es una de ellas. Su ideología existe y es antigua: es el cualunquismo de su abuelo y de su padre. Había, pues una filosofía, y esta filosofía finalmente era filial. He allí, como diría Macri (h): “se alinearon ideologías en función de  un resultado”. ¿Alguien reconoce en la expresión “resultado” otro indicio que la traslación del idioma futbolístico al idioma de lo que él llama “ideologías”?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: