Las grietas de la crisis en Colombia: una oportunidad de cambio en medio del claroscuro

En medio de manifestaciones sociales que han ido más allá de rechazar una reforma en la tributación, en Colombia se evidencian las profundas grietas de una crisis que viene gestándose desde hace un buen tiempo. Las dificultades en la implementación de un histórico acuerdo de paz con la insurgencia de las FARC-EP, el ascendente y sistemático asesinato de líderes y lideresas sociales, el déficit fiscal y sus repercusiones en la vida cotidiana durante la pandemia, así como el autoritarismo del régimen en el ejercicio político caracterizan este periodo actual. En este sentido, consideramos que si una frase pudiese describir el presente colombiano es aquella utilizada por el pensador Antonio Gramsci para describir la consistencia de las crisis: “Aquel momento en el que el viejo mundo muere y el nuevo mundo tarda en aparecer, un claroscuro en el que aparecen los monstruos”.[1]

Por Milton Piñeros Fuentes desde Colombia

Foto Luis Robayo / AFP

El viejo mundo que muere

Luego de disputar el plebiscito convocado por el expresidente Juan Manuel Santos para refrendar los acuerdos de paz en el 2016 y las elecciones legislativas y presidenciales del 2018, el sector político afín a Álvaro Uribe Vélez retomó la ofensiva en el ejercicio del poder. Estos triunfos obtenidos por este sector significaron la posibilidad de darle continuidad al proyecto del ‘Uribismo’, caracterizado por un autoritarismo carismático personalista y una profundización del modelo neoliberal extractivista que tiene su origen en la campaña política del año 2001.

Con un profundo sentimiento revanchista y con la mirada puesta en intervenir en la implementación del acuerdo de paz tanto como la victoria del ‘No’ en el plebiscito lo permitiera, el ‘Uribismo’ inició su mandato presidencial con gran respaldo en el Congreso. Desde estos lugares, y con una campaña que denunciaba la consecución del acuerdo como una ‘paz con impunidad’, las posiciones conservadoras y poco reconciliadoras se fueron transformando en acciones puntuales para truncar la implementación de varios puntos del acuerdo tales como la participación política de las víctimas por medio de las Circunscripciones transitorias especiales de paz o el programa de sustitución de cultivos declarados ilícitos.

El ‘Claroscuro’

En paralelo a estas acciones por parte del gobierno, se ha desatado una serie de asesinatos sistemáticos a los excombatientes por grupos armados irregulares, que tiene un saldo de 23 asesinados durante el 2021 y un total de 272 desde el momento de la firma en 2016[2]. Esta situación ha generado profundas críticas al gobierno nacional, pues los esfuerzos para proteger la vida de los firmantes no se han considerado suficientes, y sus causas, que el gobierno nacional otorga a las disidencias y a grupos vinculados al narcotráfico, según un informe de la Jurisdicción Especial para la Paz, obedecen a otras dinámicas como el desmonte de proyectos políticos y económicos ligados a la implementación[3].

Esta dinámica de violencia no solo ha afectado a los excombatientes que se han comprometido con la implementación del acuerdo de paz. El asesinato de líderes y lideresas sociales, étnicas y campesinas ha sido un fenómeno simultáneo que también se exacerba en este periodo. Hoy en día, 57 líderes/as han sido asesinadxs, para un total de 1173 desde la firma del acuerdo de paz[4]. A estas cifras se suman 65 eventos de desplazamiento forzado, teniendo un total de 27.435 personas desplazadas según la Defensoría del Pueblo[5]; y un total de 35 masacres en lo que va corrido del año, según la organización Indepaz[6].

Como bien lo dijo Gramsci, en el claroscuro aparecen los monstruos. Estas dinámicas de violencia creciente evidencian la incapacidad y la indiferencia del gobierno nacional para la implementación eficiente del acuerdo con miras una transformación sustancial de las causas históricas y estructurales que nos han condenado a más de sesenta años de conflicto armado y social. La imposibilidad de una paz dialogada y completa, teniendo en cuenta el interrumpido proceso de paz con el Ejército de Liberación Nacional ELN al inicio del mandato actual, se ha manifestado en el mantenimiento y multiplicación de la violencia en contra de las poblaciones en los diferentes territorios del país.

Adicionalmente, durante el periodo de pandemia la situación social del país empeoró considerablemente al punto de tener un índice del 42.5% del total de la población en situación de pobreza[7]. Las mujeres son las más afectadas, pues un 46.7% de las mujeres viven en esta situación, 20 puntos más que los hombres, siendo en quienes recae con mayor fuerza el desempleo, la informalidad laboral y la inactividad[8].

Ante este panorama, el gobierno nacional presenta un déficit presupuestario que se considera el más alto en los últimos 70 años, con un vacío fiscal de 10 billones de pesos consecuencia de las exenciones tributarias realizadas a los conglomerados más ricos del país. Esta situación se agrava, si tenemos en cuenta la deuda contraída con el Fondo Monetario Internacional por cerca de 5.500 millones de dólares[9] para conjurar los efectos de la pandemia de la COVID-19.

El nuevo mundo que no acaba de nacer

Como reacción a este cúmulo de causas, la movilización social y popular ha sido una constante a lo largo de este tiempo. Por lo menos, durante el gobierno del actual presidente Iván Duque, las acciones colectivas y movilizaciones sociales han tendido a duplicarse con respecto al periodo de mandato inmediatamente anterior[10]. Esto evidencia que las distintas expresiones de manifestación popular han sido el medio de reclamo y exigencia ciudadana al actual gobierno ante el descontento social.

En los últimos tres años, hemos visto tres periodos claves de movilización popular que sirven como preludio al actual estallido social y que sus razones podrían confluir en el escenario de crisis que tratamos de describir. Por un lado, la movilización social ocurrida a finales del año 2019 e inicios del 2020, coincidente con los levantamientos populares de Chile y el inicio de la pandemia; por otro lado, el periodo de movilización que comprende la movilización de los ‘trapos rojos’ caracterizada por acciones de solidaridad comunitaria como forma autónoma de organización[11]y el reclamo de sustentos necesarios para soportar los efectos sociales de la pandemia; además de las protestas contra la brutalidad policial y el asesinato de líderes/as sociales durante el año 2020, protagonizadas principalmente por la Minga Indígena, el movimiento feminista y la población juvenil de las ciudades.

El estallido social actual tiene fundamento en el rechazo a la reforma tributaria presentada por el Gobierno Nacional, la cual proyecta recaudar por recaudar un total de 23.4 billones de dólares por medio de impuestos principalmente dirigidos a la clase media trabajadora, sin tocar a las clases propietarias, industriales y empresariales del país. Semejante propósito en medio de una pandemia que ha afectado duramente la ocupación laboral y ha profundizado las carencias de las clases populares, sólo podría devenir en una masiva movilización a la que se han sumado distintos sectores y gremios de la sociedad.

Foto Reuters / Luisa González

La respuesta del gobierno se ha caracterizado por un autoritarismo que ha mostrado su crudeza al cerrar los canales de diálogo de forma violenta con las clases populares[12]. Solamente en la actual movilización, según la ONG Temblores, se han presentado un total 1181 casos de violencia por parte de la autoridad, con 26 víctimas de violencia homicida, 56 casos de disparos de armas de dotación, 56 denuncias por desapariciones en el contexto de movilizaciones, 17 casos de agresión a los ojos de los manifestantes, 9 víctimas de agresión sexual por parte del cuerpo policial y 142 víctimas de violencia física[13]. A esto se suma un mínimo de 17 personas asesinadas durante las protestas de 2019 y 2020, teniendo apenas tres procesos judiciales adelantados contra uniformados.

Aun con este histórico escenario de movilización social, la concreción de una dirección consciente de esta corriente de descontento está todavía pendiente. La apuesta por la creación de un pacto histórico que desplace las tradicionales fuerzas políticas en la Presidencia y el Congreso es un proyecto que viene tomando forma desde el 2020. Así mismo, el movimiento feminista ha realizado su segundo encuentro nacional en la historia colombiana, imponiendo con fuerza la demanda de la necesaria participación de las mujeres en los escenarios de decisión sobre lo público. No obstante, estos dos escenarios no han estado exentos de confrontaciones y críticas, especialmente por sus propuestas y candidatos de cara a las elecciones de 2022; así como por la diversidad de fuerzas que en estos espacios convergen.

Foto de Ciudad en Movimiento

¿Estamos a las puertas de un nuevo momento constitutivo?

De esta manera, ante las grietas que hemos intentado evidenciar y que en la cotidianidad toman una mayor dimensión, las acciones colectivas y las manifestaciones populares están siendo los indicadores de una posible terminación del proyecto político que ha permanecido, por lo menos, durante las últimas dos décadas. Si recogemos la sencilla expresión con que el filósofo Luis Tapia interpretó el concepto de Momento Constitutivo de René Zavaleta, podemos afirmar que el momento actual en Colombia podría ser un gran horno en el que podría participar toda la sociedad para elaborar el pan que vamos a comer por un largo tiempo[14].

Parece ser evidente que el proyecto de país que ha mantenido durante este largo tiempo al ‘Uribismo’ en el ejercicio del poder, con los matices propios que se otorgan a los gobernantes de turno, está en decadencia. El nivel de desaprobación del mandato presidencial en la actualidad según la última encuesta realizada llega al 63,2% a nivel nacional, teniendo su mayor puntaje en Bogotá con el 81,9%[15]; y teniendo en cuenta el actual momento de movilización, el rechazo a sus políticas económicas y su tendencia autoritaria en la respuesta a la ciudadanía, dicho porcentaje podría aumentar, sino verse reflejado en una movilización masiva por su renuncia.

El rechazo al accionar abusivo de las autoridades públicas, la declinación a las medidas proyectadas por el gobierno ante el escenario de déficit fiscal, las manifestaciones en contra de las violencias basadas en género, el mantenimiento de una larga tradición política excluyente y las cifras de pobreza expuestas anteriormente se reflejan en la movilización de esta semana por medio de la organización autónoma de los barrios populares en ciudades como Cali y Buenaventura, además del creciente número de personas movilizadas en otras ciudades del país.

El retiro del texto de la reforma tributaria y la renuncia del ministro de hacienda son considerables logros de la movilización popular. No obstante, el presidente Iván Duque ha afirmado que presentará nuevamente un proyecto de reforma que recoja consensos con el propósito de legitimarla, sin precisar cómo se desarrollarán los diálogos para la consecución de estos y cómo se incluirán los reclamos de la ciudadanía en movimiento. Este escenario, podría abrir la puerta para la participación plural, alternativa y popular; o, por el contrario, preservaría la larga tradición de una democracia restringida al pacto entre caballeros, con todas las connotaciones patriarcales que esto implica, profundizando más la crisis que vivimos y muy posiblemente generando más fuertes estallidos en un futuro no muy lejano.

Urge de esta manera, la concreción de una subjetividad política emancipatoria que permita la confluencia de los diferentes sectores de la ciudadanía que se han manifestado y que goce de la legitimidad que le brindaría el tener origen en esta confluencia. El futuro escenario electoral del que tanto se preocupa la derecha colombiana, resulta ser un punto de inflexión en la proyección de una propuesta sustancialmente distinta a las que hasta el momento hemos tenido que vivir como sociedad. Sin embargo, la concreción de esta propuesta no puede esperar a que este punto se presente, sino que, por el contrario, debe ir configurándose activamente observando la crisis como una oportunidad.

Tenemos la tarea de moldear el pan que comeremos por los tiempos venideros, mientras conjuramos los monstruos que se desatan entre las sombras. ¡A la carga!


[1] Gramsci, Antonio. Cuadernos de la Cárcel, Tomo II. Cuaderno 3 (XX). 1981, México.

[2] https://www.telesurtv.net/news/colombia-asesinan-excombatiente-sur-cauca-20210501-0008.html

[3] https://elpais.com/internacional/2020-11-27/el-tribunal-de-paz-de-colombia-llama-la-atencion-al-gobierno-sobre-las-causas-de-asesinatos-a-exguerrilleros.html

[4] https://www.infobae.com/america/colombia/2021/04/30/van-57-lideres-sociales-asesinados-en-colombia-el-ultimo-ocurrio-en-caldas/

[5] https://www.elespectador.com/noticias/judicial/mas-de-27000-personas-han-sido-victimas-de-desplazamiento-en-2021-defensoria/

[6] https://www.eltiempo.com/justicia/delitos/nueva-masacre-asesinan-a-varias-personas-en-restrepo-valle-del-cauca-585602

[7] Como dato clave, mencionamos que, para el Departamento Administrativo Nacional de Estadística DANE, la línea de pobreza se calcula bajo el supuesto de que una persona se considera pobre si subsiste con menos de $331.688 mensuales. Para una comparación con otro país latinoamericano: Argentina, eso equivaldría a sobrevivir en la Ciudad de Buenos Aires con menos de $ 8.167 pesos argentinos, aproximadamente.

[8] https://www.larepublica.co/economia/mas-de-21-millones-de-personas-viven-en-la-pobreza-y-74-millones-en-pobreza-extrema-3161813

[9] https://www.larepublica.co/economia/colombia-recibio-prestamo-del-fondo-monetario-internacional-por-us5400-millones-3097532

[10] https://www.eltiempo.com/politica/congreso/durante-el-gobierno-del-presidente-ivan-duque-se-duplico-la-protesta-social-en-colombia-547052

[11] https://www.eltiempo.com/bogota/la-historia-de-los-trapos-rojos-un-llamado-para-dar-la-mano-486038

[12] Al momento de editar el presente escrito, se presentaban acciones irregulares en contra de manifestantes en distintas ciudades del país, especialmente en Cali; en donde se mantenía el despliegue policial con armas de largo alcance y con la presencia de militares en las calles.

[13] https://twitter.com/TembloresOng/status/1389327457250156545

[14] Tapia, Luis. La producción del conocimiento local. Historia y política en la obra de René Zavaleta. Muela del diablo editores. 2002.

[15] https://www.dw.com/es/l%C3%ADder-de-izquierdas-gustavo-petro-a-la-cabeza-en-intenci%C3%B3n-de-voto-en-colombia/a-57305767

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: