A 40 años de su asesinato: John Lennon versus Estados Unidos

“El ángel pasa bajo un puente/después rodea un rascacielos/ Parque Central, lleno de gente/ no se da cuenta de su vuelo/ Cuánta utopía será rota/ y cuánto de imaginación/cuando a la puerta del Dakota/ las balas derriben a John”.

Por Carlos Rodríguez

En su canción Cita con ángeles, del álbum del mismo nombre publicado en 2003, Silvio Rodríguez rinde homenaje a Giordano Bruno, José Martí, Federico García Lorca, Salvador Allende, Martin Luther King y John Lennon, de quien este 8 de diciembre se cumplen 40 años de su asesinato. La metáfora de la canción es que los “ángeles de la guarda” siempre llegan tarde para salvar vidas importantes para la humanidad.

Para su libro John Lennon en La Habana, el periodista cubano Ernesto Juan Castellanos, le hizo una larga entrevista a Silvio Rodríguez, en mayo de 2001. Silvio demuestra su conocimiento sobre Los Beatles y el rock and roll. Allí expresa su admiración por Lennon, por su obra y por su activismo político contra la Guerra en Vietnam y contra ese personaje nefasto de la historia que fue Richard Nixon.

El cantante cubano, junto con el comandante Fidel Castro, estuvieron el 8 de diciembre de 2000, en la inauguración de la estatua de Lennon en el parque de La Habana que lleva su nombre. Silvio cantó en inglés Love, una canción de John de su etapa solista.

A partir de Imagine, uno de sus temas más difundidos, la imagen de Lennon ha sido la del pacifista que se convirtió en símbolo de la no violencia. Su vida, junto a Yoko Ono, cuando se instalaron en Nueva York, fue mucho más allá de lo que dicen habitualmente las crónicas periodísticas, incluso las bien intencionadas.

Una parte importante de ese recorrido quedó reflejado en el documental U.S.A versus John Lennon, realizado en 2006 por David Leaf y John Scheinfeld, que reúne testimonios de activistas, escritores y periodistas que siguieron de cerca esa etapa de la vida del ex beatle.

–Guerra desde la cuna

John Winston Lennon nació el 9 de octubre de 1940 en el Hospital Materno de Liverpool, mientras se desarrollaba la Batalla de Inglaterra, en plena Segunda Guerra Mundial. La Alemania de Adolfo Hitler intentó destruir a la Royal Air Force (RAF), como paso previo a la cruenta invasión a la Unión Soviética.

Los padres de John fueron Julia Stanley y Alfred Lennon, un marino mercante que no estuvo el día del nacimiento porque se había enrolado como soldado. John vivió hasta los 6 años con su madre, sin tener contacto con su padre.  Ella también lo abandonó y lo dejó al cuidado de su hermana Mimi, que había denunciado ante los servicios sociales  la inestable situación del niño.

Su madre murió el 15 de julio de 1958, cuando estaba en plan de reconciliación con su hijo adolescente. La atropelló un auto conducido por un policía borracho.

Lennon, como padre, tampoco se ocupó mucho de su primer hijo, Julian, con quien había entablado una buena relación poco tiempo antes de su asesinato, en diciembre de 1980. John fue un joven díscolo que tuvo problemas en todos los colegios a los que fue. Muchos años después, dijo en una entrevista que “siendo de clase obrera, era natural la rebeldía. Me enseñaron a odiar y temer a la policía, y al sistema, y me enseñaron a combatirlo”. De joven era un “bocazas” que molestaba y ridiculizaba a los profesores.

Esa personalidad irónica y provocadora lo acompañó toda su vida. En 1963, cuando Los Beatles actuaron en el Royal Variety Show, al que asistieron la Reina Madre y otras figuras de la realeza británica, Lennon deslizó desde el escenario uno de sus clásicos bocadillos burlones: “Para nuestra siguiente canción, me gustaría pedirles su ayuda. Los de los asientos más baratos pueden aplaudir (…) y el resto de ustedes basta con que hagan sonar sus joyas”.

En una entrevista con la periodista Maureen Cleave, del Evening Standard, en marzo de 1966, afirmó que “el cristianismo se irá, se desvanecerá y reducirá su tamaño (…) ahora somos más populares que Jesús. No sé qué se irá primero, si el rock and roll o el cristianismo”. Sus dichos en Inglaterra llegaron cinco meses después a Estados Unidos –eran otros tiempos para las comunicaciones— y provocaron una conmoción. Los sectores conservadores e incluso el Ku Klux Klan, llamaron a quemar folletos, revistas y discos de la banda inglesa.

–El fin de los “cuatro fantásticos”

Entre 1967 y 1970, Lennon vivió una crisis que fue la verdadera razón por la cual se produjo la separación de Los Beatles. En ese lapso se produjo el lanzamiento del single “Strawberry fields forever”, y el álbum “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”, que desde la estructura poética de sus canciones marcaron una ruptura con las viejas canciones de amor.   

En el documental, la líder comunista Angela Davis, dijo que ella advirtió el primer síntoma de la “radicalización” de Lennon con el lanzamiento, en noviembre de 1968, del Album Blanco, sobre todo en “Revolution”, escrita y cantada por Lennon.  

En octubre de 1967 se estrenó la anti-bélica comedia “How I Won the War” (“Cómo gané la guerra”), el único largometraje protagonizado por Lennon sin los otros Beatles. El filme dirigido por Richard Lester es una sátira sobre las guerras,  a través de la historia de un estúpido oficial que conduce a un grupo de estúpidos soldados, entre los que está el personaje interpretado por John.

–“Encamados” contra la guerra

Lennon y Yoko Ono se casaron el 20 de marzo de 1969. Los Beatles se separaron en septiembre de 1969 y para la historia quedó que los culpables fueron Yoko y John, en ese orden. En la película “Imagine”, que resume la vida de John Lennon, se muestra un reportaje en el que manifiesta su enojo y su dolor porque algunos periodistas lo cuestionaron por haberse enamorado de “una mujer fea”. La respuesta fue rotunda: “Para mí, ella es hermosa, pero aunque fuera fea… ¿cómo van a decir que es fea?”.

Además de participar en el proceso de radicalización política, gracias a la fuerte presencia de Yoko, el ex beatle empezó a revisar el machismo a ultranza que lo había caracterizado antes y durante los primeros tiempos con la artista japonesa.  

La pareja fue el hazmerreir de la prensa mundial, cuando utilizó su luna de miel para realizar una “encamada por la paz” en el hotel Hilton de Amsterdam, en marzo de 1969. Lennon, desde un colchón tirado en el piso, con Yoko a su lado, discutió con un periodista que le dijo que sentía “lástima” de ver a un “músico talentoso” haciendo “semejante tontería”. La respuesta de John fue igual de filosa: “Si nosotros no hiciéramos esta ‘tontería’, no estarías acá, hablando conmigo sobre la guerra de Vietnam”. Completó su discurso haciendo una dura crítica acerca de la poca repercusión que tenían, sobre todo en Estados Unidos y en Europa, los horrores de una guerra imperialista que provocó más de un millón de muertos, la inmensa mayoría vietnamitas.  

Aseguró que las críticas contra ellos provenían de “una sociedad dirigida por locos, con objetivos locos”. En otra ocasión hizo declaraciones, con Yoko, ocultos dentro de bolsas. Explicó así el sentido que le daban a la performance mediante la cual querían resaltar las ventajas del anonimato.

 –¿No te parece algo pasado de moda?—le preguntó un periodista.

–Si un negro busca trabajo (metido) en una bolsa. Si todos fueran en bolsas (sin mostrar rasgos ni color de piel), no habría prejuicios. Hay que juzgar a la gente por su calidad.

La premisa de John era que “en estos tiempos hay que tener más conciencia política. Es casi imposible cerrar los ojos”. En junio de 1969 hicieron una segunda “encamada por la paz”, esta vez en el hotel Queen Elizabeth de Montreal, donde John escribió y grabó “Give Pace a Chance” (“Denle una oportunidad a la paz”), que se convirtió en himno de las movilizaciones contra la guerra y contra Nixon, en los Estados Unidos. 

El 15 de noviembre de 1969, en Washington DC, el tema, que había salido publicado en un single, fue cantado por cerca de un millón de personas que participaron de la segunda gran movilización convocada por el activista Jerome Grossman, fallecido en 2013, uno de los pilares en la lucha contra las guerras de Vietnam y de Irak. 

Imagen: Esteban Sambucetti

–La llegada a N.Y.

En agosto de 1971, John y Yoko se instalaron en Nueva York. Años después, cuando ya era viuda, Yoko dijo que John “estaba eufórico” cuando llegaron a la ciudad para hacer “lo que queríamos: contra-cultura, contra-gobierno, contra la guerra”. En la etapa previa al aterrizaje en N.Y., la pareja había financiado la instalación en diez ciudades de grandes carteles que decían: “La guerra se termina! Si tú lo quieres”.

El compromiso de John con causas populares incluyó el apoyo en Inglaterra a la familia de James Hanratty, un hombre acusado de asesinato que fue la última víctima antes de la abolición de la pena de muerte en ese país.

En su rechazo a la pena capital, Lennon dijo que “la misma gente que está traficando armas hacia Sudáfrica y matando a los negros en las calles (son) los mismos cabrones que tienen el poder absoluto, las mismas personas que dirigen todo, es todo ese ámbito burgués de mierda”.

John y Yoko habían participado en Londres de una marcha bajo el lema “Gran Bretaña asesinó a Hanratty”, a la vez que produjeron un audiovisual sobre el caso.  También aportaron dinero y un ramo de rosas rojas, a los obreros en lucha por la fuente de trabajo en la constructora naval UCS, en Clydeside, Glasgow, Escocia, en una zona que fue un foco histórico de resistencia obrera.

Apenas instalados en Nueva York, los primeros amigos de la pareja fueron Jarry Rubin y Abbie Hoffman, integrantes de los Chicago Seven, activistas contra la guerra de Vietnam y contra Nixon, acusados de  conspiración e incitación a los disturbios por las protestas que se produjeron en Chicago, en paralelo con la Convención Nacional Demócrata, en agosto de 1968.

En la concentración paralela a la convención hubo pancartas, música, danza, poesía, discursos revolucionarios y un cerdo, Pigasus, llevado para ser nominado candidato a presidente de los Estados Unidos. El ambiente carnavalesco se endureció, se produjeron enfrentamientos y ocho activistas fueron acusados. Uno de los  Chicago Eight era Bobby Seale, del partido Panteras Negras, quien a poco de comenzar el juicio al que fueron sometidos, el 24 de septiembre de 1969, hizo fuertes acusaciones contra el juez Julius Hoffman, a quien llamó “cerdo fascista”, en plena audiencia.

 El juez Hoffman ordenó que Seale permaneciera en la audiencia, pero atado y amordazado, para luego sacarlo del caso y condenarlo a cuatro años de prisión por desacato. Seale fue otro de los grandes amigos de Lennon en Estados Unidos. Los otros cinco integrantes del Chicago Eight, además de Hoffman, Rubin y Seale, eran David Dillinger, Tom Hayden, Rennie Davis, John Froines y Lee Weiner.

El juicio fue seguido, en las puertas del tribunal, por un número creciente de manifestantes y sirvió para difundir las ideas de los acusados.

Durante meses, llamados a declarar  por la defensa, dieron testimonio personajes públicos de la izquierda estadounidense y de la contra-cultura como el cantante folk Arlo Guthrie, el escritor Norman Mailer y el reverendo Jesse Jackson, entre otros.

Los siete imputados fueron declarados no culpables del cargo de conspiración, dos de ellos fueron absueltos (Froines y Weiner), mientras que los otros cinco fueron condenados a cinco años de cárcel por “sobrepasar las reglas estatales con intención de incitar a la violencia”, aunque las sentencias fueron revocadas el 20 de febrero de 1970.

–Lennon y sus amigos del alma

El control del Estado sobre los activistas se incrementó y de manera especial después de la llegada de John y Yoko. En uno de sus discursos, Nixon advirtió que “cuando alguien del espectáculo participa de un acto político está haciendo algo que es un gran sacrificio personal e incluso un riesgo personal”. La preocupación del gobierno tenía razones que iban mucho más allá de la droga, la música y el baile contra la guerra. Lo que preocupaban eran las ideas que se transmitían en el plano político.  

En los actos públicos, Abby Hoffman había dicho, desde el comienzo de la intervención en Vietnam: “Nos tienen miedo porque no solo somos una amenaza cultural y política. Somos una amenaza militar para esos generales que dirigen la guerra y controlan las mentes de los jóvenes. Jodete L.B.J.”. El mensaje había sido una respuesta inmediata a un discurso pronunciado el 28 de julio de 1965 por el entonces presidente Lyndon B. Johnson, quien dijo que en Vietnam, su gobierno pretendía “convencer a los comunistas de que no podemos ser derrotados por la fuerza de las armas ni por una potencia superior”.     

Las respuestas los activistas eran cada vez más duras. Jerry Rubin dijo en uno de los actos de protesta: “Pueden decir que los chinos, los vietnamitas o el Vietcong, son sus enemigos, pero para mí, son mis hermanos”. Abbie Hoffman proclamaba: “Estamos en guerra contra ese imperio que intenta destruir el mundo y a sus jóvenes. ¡Estamos en guerra Nixon, recuérdalo!”. Las fotos de John con Hoffman y Rubin preocuparon al presidente y al FBI.

Lennon habló sobre las reuniones que habían mantenido, él y Yoko, con ellos dos: “Los conocimos y estábamos muy nerviosos. Yo pensaba ‘no quiero liarme con locos que tiran bombas’. Estábamos muy nerviosos y nos sorprendió cómo eran. No eran como su imagen, como no lo somos nosotros mismos, como no lo son otros muchos, la imagen que da la prensa. Yo mismo vi mucha basura escrita sobre mí. Y ellos tenían algo artístico, muy sensible”. Puede sonar ingenua la reflexión de John, y en algún sentido lo es, pero al mismo tiempo su compromiso con “la causa, la revolución, el cambio”, como llamaba según la ocasión a su activismo político, era cada vez más firme.

Lennon siguió en esa línea cuando se reunió y se hizo amigo de Bobby Seale, de nuevo en libertad tras el juicio donde fue condenado por desacato. Seale, con Huey Newton, fundaron en 1966 el Partido Panteras Negras, denominado al principio “De Autodefensa”, que se inspiró en el legado político del líder de los derechos humanos y activista Malcom X, asesinado en 1965.

En sus inicios, en octubre de 1966, la principal actividad era la de formar patrullas de ciudadanos armados para vigilar el comportamiento de los agentes de policía y enfrentar la brutalidad de las fuerzas de seguridad en Oakland, California, contra la población afroamericana. Los Panteras Negras se reivindicaban socialistas y desarrollaban programas que incluían comedores y servicios de salud.

John había quedado encantado con Bobby, a punto tal que lo llevó a un programa de TV, en el cual actuó como presentador de “su” invitado. “Tuvimos la suerte de conocer a este hombre hace unas semanas o un mes. Nos pareció un tipo estupendo que tenía mucho que decir. Hace muchas cosas que no salen en la prensa (…), cosas como la fundación, dar comida, programas de educación”. Como si fuera el presentador del programa, dijo: “Nuestro amigo, Bobby Seale, presidente del Partido Panteras Negras”. Es fácil suponer el impacto que las palabras de Lennon generaron en el gobierno y en los servicios de inteligencia.  Su apoyo era a un dirigente afroamericano que decía en los actos públicos: “Podemos hablar de polución, en términos de la polución histórica del fascismo; la polución histórica de la guerra; la polución histórica del hambre; la polución histórica del crimen; la polución histórica que nosotros, los pobres y oprimidos de este mundo, hemos sufrido durante tantos años.  Esa polución es la base de la contaminación del mundo”. Luego del diagnóstico, Bobby hacía su propuesta: “La única solución para la polución es la revolución del pueblo”.

–Libertad para un preso político

“Los que dicen que la revolución se acabó, deberían ver esto porque no lo parece”. Jerry Rubin habló en la apertura del recital que se hizo, el 10 de diciembre de 1971, para reclamar la libertad del activista John Sinclair, líder de las Panteras Blancas, una organización de izquierda nacida en 1968 siguiendo una sugerencia de los líderes de las Panteras Negras. “¿Qué pueden hacer los blancos por nosotros? Crear las Panteras Blancas y ayudarnos”. Eso lo dijo Huey Newton, uno de los fundadores de la organización afroamericana.

Unas 20 mil personas se reunieron en la ciudad de Ann Arbor, en el estado de Michigan, para asistir al John Sinclair Freedom Rally. El activista había sido condenado en julio de 1969 a diez años de prisión por ofrecerle dos porros a una mujer que le pidió droga y que resultó ser una policía encubierta.  

Esa noche, Lennon estrenó una canción dedicada al líder político preso que lleva su nombre y que luego fue incluida en su álbum doble de 1972, “Some Time New York City”, cuya tapa imitaba con intencionalidad burlo la portada que nunca publicó el New York Times. 

La canción “John Sinclair”, con la que Lennon cerró su actuación, es una de las más fuertes, políticamente hablando. “No es justo, John Sinclair (…) te dieron diez por dos”, diez años de cárcel por dos porros. “Si fuera un soldado, matando amarillos en Vietnam, si fuera un agente de la CIA vendiendo droga (…) lo dejarían en paz, respirando el aire como tú y yo”.


Tapa disco “Some Time New York City”

En el mismo disco doble está incluida la canción “Ángela”, dedicada a Ángela Davis, la pantera negra que en esos momentos estaba en prisión y para quien Lennon también pedía la libertad. En el mismo disco está “Woman is the nigger of the world” (“La mujer es el negro del mundo”), una  canción contra el patriarcado y por la liberación de la mujer. Otro logro de Yoko.

Después del asesinato de Lennon, en diciembre de 1980, Yoko Ono dijo que en ese recital por Sinclair “supimos que había agentes del FBI anotando las letras de las canciones”. También se enteraron que todos sus movimientos eran seguidos de cerca por orden de J. Edgar Hoover, director del FBI. El control sobre Lennon se incrementó porque, tres días después del recital, John Sinclair fue dejado en libertad luego de pasar 29 meses en la cárcel. La presión había servido para acelerar la resolución de un amparo que se había presentado y que estaba “cajoneado” por la Justicia.  

El fallo por Sinclair sentó jurisprudencia y produjo un cambio en la legislación que atemperó la aplicación de la War on Drugs, la “guerra” contra las drogas lanzada por la administración Nixon, que servía como pretexto para sacar del medio a militantes políticos. El gobierno le armó a la pareja una causa por posesión de cannabis en Inglaterra, John y Yoko afrontaron un pedido de deportación impulsado por el gobierno, que finalmente quedó en la nada porque Richard Nixon había renunciado como presidente el 9 de agosto de 1974, por el escándalo conocido como Watergate.

El 8 de octubre de 1975, Lennon festejó por triplicado: el fin de la persecución, su cumpleaños número 35 y el nacimiento de su hijo Sean. “Cuando esto empezó, me seguían en un coche y me pincharon el teléfono. Querían que lo supiera para asustarme y me asustaron”, reconoció John en un reportaje, aunque buena parte de la prensa dijo que sólo era un invento para seguir siendo noticia. Una vez más apeló a la ironía como respuesta. Dijo que se sentía como en Liverpool, cuando iba a la escuela: “Siempre tenía que ir a hablar con el director, con la única diferencia que acá no me golpean”.

Se equivocó porque el golpe final, el mortal, se lo dio Mark David Chapman el 8 de diciembre de 1980, en la puerta del Dakota, donde vivía con su familia.

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