“Siempre lo pensé como el más destacado eslabón perdido entre el guevarismo y el peronismo”

Pablo Daniel Spatola es director de Ultima carta desde la revolución, documental sobre la vida de Carlos Olmedo, fundador de las Fuerzas Armadas Revolucionarias en Argentina. Conversamos a propósito de su obra y la militancia de Olmedo. “Tenía tantos elementos del peronismo o del guevarismo que le correspondían: no es que se había disfrazado de uno u otro, sino que era las dos cosas a la vez”.

Por Revoluciones

Revoluciones: ¿Cómo surge la película Ultima carta desde la revolución?

Pablo Daniel Spatola: Era una idea que venía dando vueltas en mi cabeza hace muchos años, porque era un personaje que siempre me inquietó, a partir de que era mi tío. En mi familia se había generado una inquietud y a la vez un dolor muy grande, un montón de preguntas. Qué había pasado, cómo había sido el hecho de su muerte y de su vida. Entonces se me ocurrió hacerla porque siempre quise acercarme a ese personaje, era esa básicamente la motivación.

R: ¿Eso que te pasó en términos personales te pareció que coincidió con algo más social, de un momento donde se pudo hablar de otra manera de estos temas, y en especial de otras personalidades como la de Carlos?

PDS: Me motivó lo personal, pero la película se hizo en un contexto único, ni que pensar los años que le siguieron. Yo la empecé en el año 2013, la presenté en el INCAA en 2012 y se estrenó en 2016, lo cual implicó una soledad absoluta. Hubo sí quienes acompañaron, algunos medios militantes que dieron cuenta de la película, y después casi no existió. Al punto que nunca se pasó por CineAr Tv ni en esas plataformas, sí la pude estrenar en el Cine Gaumont, donde duró 15 días. Ahora estoy viendo con esta nueva administración de poder pasarla por alguno de estos medios. Pero sí hubo, en el momento en que hago la película, venía habiendo un abordaje a temáticas políticas y ciertos personajes de los años ´60-´70, como por ejemplo la película Seré Millones, del asalto al BND que organiza el ERP, o Papá Iván sobre la vida de Juan Julio Roqué que también estuvo en las FAR y luego deriva en Montoneros. Años atrás se hicieron sobre Gleyzer, y así podemos encontrar muchas. Una época que comienza a inicios del año 2000 y que se pone muy fuerte entre el 2008 y el 2015/16, con un fuerte impulso por analizar esos años. Pienso igual que el interés nunca decayó, de cierto público sobre esa época y las personas de esa época.

R: En una historia que se va abriendo, y que permite llegar a tantos personajes, es extraño por qué no se hizo antes una película sobre Carlos…

PDS: Eso es interesante, si uno aborda la época, es extraño que no se haya afrontado antes por fuera de la cuestión íntima y familiar, que me motivó a hacerla. Pero es todo un personaje en términos cinematográficos, que tenía ribetes cinematográficos, y un lado interesante desde lo político e ideológico. Algo tan importante en su momento y hasta el día de hoy: lo de hacer confluir al marxismo con el peronismo. No es el primero que lo hace, pero uno de los pocos que lo teoriza con altura, tomando riesgos y que me llamó la atención porque no había sido tomado por el cine sino que fue alguien eclipsado por el resto de las personas que militan en la época. Sin embargo, es una pregunta que no aborda la película.

R: Pensado como un personaje, ¿qué aspectos te interesaba remarcar de su vida?

PDS: Me interesaba por un lado remarcar el lugar importante dentro de la historia de la militancia revolucionaria, este lugar singular que tiene, de puente entre la izquierda guevarista con el peronismo. Siempre a Carlos lo pensé como un eslabón perdido entre el guevarismo y el peronismo, no es que era el único, pero sí quizás el más destacado. Porque tenía tantos elementos del peronismo o del guevarismo que le correspondían: no es que se había disfrazado de uno u otro, sino que era las dos cosas a la vez. Pocos personajes presentan dentro de esa calidad una situación así. Lo otro que me interesaba mucho era destacar también una cosa que había que empezar a hablar en el cine argentino, que cuando abordaba la temática, la época y las personas, había que empezar a despegarse un poco de mostrarlos como voluntaristas y víctimas. Era otra cosa que quería destacar, que no eran sólo buenos muchachos con buenas intenciones, y que como la derecha era muy mala y ellos muy buenos fueron derrotados. Lo que quería poner era que era gente con unos ideales maravillosos, con una capacidad impecable, y que era muy consciente de los peligros que asumían.

Y que en el caso de Carlos no era alguien que fue secuestrado en medio de la noche, como a tantos les pasaría, sino que les entabló combate, y le tocó perder. Pero no quise contar la historia de una víctima, no quería contar la historia de un militante revolucionario desde la óptica de la víctima. Sino desde alguien que ejerció el protagonismo, y no logró su objetivo, pero era importante recorrer su camino, eso quería demostrar la película. Denunciar los atropellos, pero no dejarlos desde el lugar de víctimas sino desde un proyecto que ejerció su protagonismo y que tuvo en su proceso muchos logros y buenas intenciones, y que por determinados hechos históricos, errores, lo que sea, fracasaron. Veo que el cine argentino cuando aborda estos temas le es más rentable hacerlo desde la óptica de la víctima, y eso provoca miedo en el espectador, en un mundo donde lo único que queda es fracasar y ser víctimas. Indignan por lo que pasó, pero no son películas que inviten a continuar. Implica abordar la historia de aquellos años desde un lugar distinto, desde héroes y heroínas que podrán cometer errores y tener hasta motivaciones personales junto con las sociales, pero cuya historia es la de gente que luchó.

R: La película tiene un estilo muy personal, con la utilización de muchos registros…

PDS: Por un lado trabajé mucho con material de archivo, que costó encontrar porque hubo que ir a Córdoba para buscar material histórico de la época, que tenían la universidad y la televisión de aquella época. Y como la película va a la raíz de la historia de Carlos, su familia, sus orígenes, también busqué material que muestre esa época, con material del Archivo General de la Nación. La tercera fuente fue personal, materiales que guardó mi abuela, cartas, fotos. Es una película con mucho archivo.

R: También está presente la construcción de un personaje relator ficcional…                

PDS: En la disyuntiva de cómo narrar, opté con que yo lo haría desde mi primera persona, imaginé que me habilitaba para hacerlo ser su sobrino. Entonces juego con una carta donde me nombra, que pongo en la película sin decirlo, y entendí que era viable que cuente la historia, porque la tenía muy cercana y sentida. En un momento pensé que podía ser contada por el propio Carlos en primera persona, fue un debate que tuve de cómo hacerlo, que dispositivo implementar. Entre idas y vueltas llegué a la conclusión de hacerlo, y me invento un personaje, un poco haciendo la película y un poco metido en el operativo donde él muere. Una mezcla ambigua, con una voz en off que narra a través de un walkie-talkie y habla con Carlos y otra voz más normal que es la que reflexiona, conecta las diversas escenas, etc.

R: Parte de su historia, es también ése final y su trágica muerte, que deja abierta una discusión muy de época entre teoría y práctica.

PDS: Ese hecho de cómo muere, lo usé como una pregunta, una metáfora de toda la época. No es una pregunta sólo sobre el hecho en sí, sino que aborda una pregunta política sobre la época. Por qué alguien tan capacitado, un estratega de la acción y la política, muere en un hecho que puede leerse como básico. Es el abc del guerrillero urbano: no se debe esperar más allá de lo establecido en el lugar. Pero él se empecina y se queda. Es una pregunta extrañísima porque alguien que había resuelto la toma de Garín, y había hecho una genialidad de la estrategia guerrillera en las narices del poder económico y militar; había diseñado el ataque a los supermercados Minimaxs de una forma genial, que a la vez se convierte en una metáfora de cómo una mercancía puede destruir a otras, como dice Horacio González en la película: ¿por qué cae en esa emboscada? Encuentro como respuesta al tener una relación familiar una cuestión ligada con el padre, su pérdida y empecinarse con vengar eso. Pero también hay una lectura que hacen en la película quienes fueron sus compañeros de época (Pilar Calveiro, Horacio González) que reflexionan en aquellos años y tocan el tema de empecinarse, de querer enfrentar a poderes demasiado grandes, querer transformarlos, y quizás no alcanzó con la voluntad. Y quizás allí Carlos puso demasiada voluntad y a veces eso mismo le lleva a la muerte. Cambiar la izquierda, cambiar al peronismo, derrotar a la oligarquía, derrotar al ejército: todo eso realizado por un grupo de jóvenes. En ese momento Carlos tenía 27 años. Los entrevistados me dicen un poco que esa batalla en Córdoba, ese empecinamiento, es como ese esfuerzo que no se alcanza, y que te termina aniquilando.

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