“Quienes tenían más clara la concepción de organización político-militar eran las FAR”

Susana Vega fue militante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. En esta conversación repasa la historia de esta organización y su propia militancia de aquellos años a la luz del paso de los años. “La experiencia que tuve fue increíble: tenía una mística, una formación, cómo trabajábamos, cómo los compañeros comprendían la lucha armada”.

Por Revoluciones

 

Revoluciones: ¿Cómo se inició tu relación con las Fuerzas Armadas Revolucionarias?    

Susana Vega: Cuando nos enteramos de la fuga de Rawson y luego de la Masacre de Trelew, estaba con otra compañera estudiando en Neuquén, y esa situación que fue terrible, con el impacto que tuvo en ese momento, definió mi participación en la lucha armada. Y soy encuadrada en las FAR de la zona. La experiencia que tuve fue increíble, tenía una mística, una formación, cómo trabajábamos, cómo los compañeros comprendían la lucha armada y demás. Siento que mucho de eso se perdió cuando fue la fusión entre FAR y Montoneros.

R: En ese acercamiento a las FAR, ¿estaba muy presente la discusión desde el marxismo hacia el peronismo?

SV: En ese momento de mi participación era más desde la izquierda del peronismo, porque la formación de las FAR en Patagonia norte fue desde cuadros peronistas. El compañero que es el primero encuadrado en FAR, su papa había sido custodio de Eva Perón en su momento, y él había sido de la primera JP con “Cacho” El Kadri. En la zona donde estábamos las únicas operaciones militares que hubo fueron las de FAR, nadie más operó. Donde más nos fogueamos políticamente fue en la campaña del “Luche y vuelve”. Era una FAR muy peronista la de acá, pero en otros lados había más cuadros de la izquierda.

R: En esa tensión entre la formación y la acción, ¿cómo recuerda esa época? ¿Venías formada de antes o había tiempo para poder tener formaciones internas?

SV: Nosotros teníamos una formación política importante, porque acá al principio todos estuvimos en el Peronismo de Base, las FAP, políticamente pero no militarmente. Y ahí se exigía formación, lectura, discusión, era constante. Eso después se perdió. Cuando pasamos a las FAR, también eran exigentes en ese sentido. Las lecturas en el ámbito, los análisis, las discusiones, qué libros leías: desde Hernández Arregui hasta Mao.

R: Te preguntaba esto porque parte del recuerdo de las FAR pasa por los grandes intelectuales que formaron parte, y un especial interés por la formación.

SV: Sí, Carlos Olmedo… producían muchísimo las FAR en cuanto a documentos políticos, de mucha profundidad. Solamente he visto documentos de esa profundidad (de momentos donde los venían a presentar, donde pudiéramos analizar la realidad, cómo organizar la resistencia, etc.) en mi paso por el Peronismo de Base y después en las FAR. En Montoneros ya no, sus documentos eran otra cosa, después del pase a la clandestinidad fue donde tuvo mucha producción, y en especial para organizar la parte militar.

R: ¿Cómo era esa militancia en el sur?

SV: Imaginate que éramos un raro espécimen, parecíamos la Armada Brancaleone en medio de la Patagonia, un cuarteto que después fue creciendo, y llegamos a ser un grupo organizado política y militarmente interesante.

R: Después llegó el momento de tu detención…

SV: Me pasé un año y medio en Devoto, porque me detiene el Primer Cuerpo del Ejercito por orden del Quinto Cuerpo, y como no estaba internet todavía (risas) cuando ya estaba en Madrid sacaron a compañeros que estaban detenidos en Rawson para hacer las disquisiciones sobre mi persona, pero por suerte yo ya estaba afuera. Estaba muy enojada con la Orga, pensá que a mí me detienen en enero de 1976, llego a Capital el día del intento del golpe de la aeronáutica, sin documentos, ya que venía con el nombre y el pasaje de la que era la mujer del secretario de la CGT local. Me quedo con un compañero en una casa familiar. Y creo fue el 22 que me detienen, y a los poquitos días lo secuestran al Negro Quieto, y yo ahí recién había podido hacer contacto con la Orga, pero cuando me detienen no había visto ninguna pintada de “Quieto traidor”. Entonces cuando entro al penal, en un pabellón donde había compañeras del ERP y de Montoneros, es cuando tengo las primeras diferencias con las compañeras. Porque una dice “el hijo de …. del traidor de Quieto” y yo casi me muero. Porque en una reunión que se había hecho para los compañeros del sur había estado Quieto, y la imagen que tenia de él era la de un tipo muy claro, muy cálido muy humano. Para mí fue de mucho dolor eso, y pensaba lo que le habrán hecho para quebrarlo. Entonces le dije a esa compañera eso, que me dolía en el alma, porque pienso lo que habrá sufrido si cantó, para cantar, y haber perdido un cuadro así, cuantos años tardará en volver a formarse un cuadro así. Bueno, ahí quedé para el culo (risas) con esas compañeras. Existían esas diferencias de formación, yo notaba que las compañeras del ERP estaban más preocupadas por la situación personal de las compañeras/os y de hecho siempre se han ido ocupando de ir recuperando los nombres, las memorias de los compañeros desaparecidos y asesinados. Han impulsado el tema de las baldosas, de homenajearlos donde estaban o vivían. Acá en Neuquén logramos ir poniendo las baldosas, y logramos incluir al municipio en esta acción.

R: ¿Cómo recuerda la relación con organizaciones de izquierda?

SV: La organización más de izquierda que podíamos entender y respetar era el ERP. Después… yo compartía cárcel con una compañera que era Posadista y la cargaba diciéndole en Devoto que llame a los extraterrestres para que nos saquen de ahí (risas). Después estaba el Partido Comunista, y teníamos a muchas compañeras detenidas que eran torturadas mientras desde el partido se le daba apoyo político a la dictadura, y era terrible eso. ¿Cuál era tu respaldo, de qué te agarrabas cuando te pasaba eso?

R: ¿Y al interior de las organizaciones peronistas?

SV: En aquel momento había mayor relación con la gente que ya venía de las FAR, porque el vuelco de toda la movida más peronista veía despectivamente al marxismo como comunismo. O gente que venía de grupos cristianos muy ultras, que se habían formado ahí y luego fueron avanzando, pero viste que esas cosas te marcan. Después había mucha competencia entre orgas, y había gente ultra en el PRT o en Montoneros, en todos lados tenés los mismo. Ahora sí, había más formación teórica en las compañeras del ERP.

Yo estaba aún molesta con la Orga, porque fue muy terrible la última época para mí. Porque además la orden fue salir de los lugares donde vivíamos, donde éramos reconocidos, y nos mandaban a otro sitio donde perdíamos sin pena ni gloria, si nadie sabía quiénes éramos. Nos hubieran dejado en nuestros lugares de origen, y si perdíamos tenían todo un costo. Eso no hubo forma acá en el territorio de discutirlo y acordarlo, porque el centralismo democrático se había acabado hace rato. La conducción baja la línea y no había tu tía, no se revisaba nada.

R: ¿Había espacio para poder discutir esto?

SV: Lo podías hablar o discutir con compañeros, pero no pasaba nada. Porque por ejemplo eran muchos los que no estaban de acuerdo con la contraofensiva. Compañeros con determinado nivel, no perejiles como era yo a su lado, y no se plantaron para no ir. No sé qué pasó ahí. Creo que este tipo de compañeros, que habían tenido toda una historia, un compromiso, que habían sobrevivido, si eran cuadros políticos, si sabían por toda la información que llegaba del país, sabían que no había contraofensiva posible, ¿por qué volvieron? Porque fue casi un suicidio en masa, cayeron casi 150 compañeros. Entonces creo que debe haber jugado un poco la culpa, el dolor de estar vivos, porque ya en 1976-1977 era cuando más nos masacraban.

R: ¿Cómo se da el cierre de tu experiencia en Montoneros?

SV: Algunas de las críticas que aparecen en ese momento las sabía por transmisión oral, porque en ese momento estaba en Madrid, donde participaba de reuniones por la rama femenina. Ahí los interpelé luego de saber que habían caído los compañeros en la contraofensiva: “ahora están conformes, mataron a los que faltaban, nos quedamos sin cuadros intermedios”. Y la respuesta era “bueno, pero había que ir, nadie los obligó, ellos aceptaron”. Y era difícil no aceptarlo, si esa era la línea. Y tenía tanto odio, que golpié la mesa y dije “no sé qué hago con ustedes, me voy al carajo, a la mierda Montoneros”. Y me fui, y me puse a activar en la Casa Argentina en Madrid.

R: ¿Qué recuperación pudiste hacer al volver de estas discusiones?

SV: Cuando vuelvo a Neuquén, me pude reencontrar con compañeros de FAR. Y muchas cosas las volví a discutir, y en su momento cuando decía “esto es una cagada, nos van a matar a todos”, me decían “no Negra, los compañeros saben lo que hacen”. Bueno, si sabían lo que hacían, mandaron al muere a todos los compañeros, fue la aniquilación de la Orga. Fue una discusión que volví a tener cuando me encontré con los compañeros acá. Salvo los que habían perdido, el resto volvimos todos, pero no tuvimos una instancia de discusión donde participe la mayoría.

R: ¿Cómo evalúas el resultado de la unidad para las FAR?

SF: No, terrible, cambiamos, perdimos la orga para hacer un campo de batalla entre nosotros. Comenzaron a repartir por el país cuadros de Capital y Buenos Aires, que venían con lo peor en cuanto a la metodología de las prácticas peronchas imperantes en aquel momento. Nosotros trabajamos en función del consenso que llegaba luego de la discusión política, eso eran las FAR. En los Montos, era ver quién hacía primero la rosca.

R: ¿Sentiste que la coyuntura llevaba a la unidad?

SV: Creo que había que hacer la unidad, pero creo que primó quién era más. Primó el engorde: Montoneros comenzó a meter a cualquier gente para después decir “tengo tantos, cuántos tenés vos”. Eso en Neuquén lo quisieron hacer y los sacamos cagando, nosotros habíamos crecido todos juntos. Si los mismos compañeros que no estaban metidos, y los habían encuadrado como Montos a último momento decían “tienen que ir los compañeros” a espacios de jefatura. Fue todo lo contrario a lo que veníamos trabajando dentro de las FAR.

Era muy militarista al pedo, cuando nosotros teníamos otra concepción de la lucha armada: defendíamos un proyecto político con las armas cuando no se lo podía defender en términos políticos. No era que llegábamos a los tiros. Te doy un ejemplo: antes del 11 de marzo del `73 hay una reunión acá cuando estaban acercándose las posiciones, y vienen a plantear una acción militar antes de las elecciones. Y muchos de Montoneros que se habían encuadrado en la última semana estaban de acuerdo, y nosotros dijimos “están en pedo, vamos a elecciones y le vamos a hacer perder a Cámpora”. Ganamos la discusión y no se hizo, y fue la última vez que llevaron una propuesta a debate desde la Conducción.

Creo que quien tenía más la concepción de organización político-militar eran las FAR. Y Montoneros venía controlando la movida peronista, que en ese momento era de izquierda y luego fue derivando hacia la centro derecha.  Pero el trabajo político que teníamos en la Patagonia, era de los cuadros de las FAR, y en un momento llegamos a controlar toda la movida fabril en la costa patagónica, que era trabajo político. Cuando comenzamos a cumplir con la directiva de las operaciones militares por orden de la Conducción, fue cuando nos levantaron como moscas, y se perdió todo. Eso fue en el año 1976, y para el `77 ya no quedó nada.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: