Dialéctica de la revolución: la obra de Francisco “Paco” Urondo en las FAR

Que junto con sus mejores poemas sea La Patria Fusilada quizás su obra más conocida, nos permite pensar cómo ha influenciado la producción literaria de Paco su militancia en las FAR, pero especialmente cómo su obra ha llegado a sumar un aporte fundamental al accionar de esta organización político-militar. Tanto su entrevista a quienes sobrevivieron a la Masacre de Trelew, como su reportaje a Carlos Olmedo en abril de 1971 o su estadía en la Cárcel de Devoto tras caer preso a inicios del `73, posicionan a Urondo como una pieza fundamental tanto en la historia pública de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, como en su historia publicada.

 

Por Juan Manuel Ciucci

Uno de los puntos salientes del debate que aun generan las apuestas revolucionarias de las décadas del ´60 y del ´70 en nuestro país, lo concita el interés por la participación activa de referentes intelectuales y culturales. Ese pase a la acción, ver sus vidas transformadas por su elección política y militante, despierta el interés por desentrañar el impulso que les llevó a empuñar las armas, a enfrentar a la violencia con la organización popular, a construir el mundo del mañana en pos del socialismo.

Al momento de ser detenido por su militancia en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Francisco “Paco” Urondo ya era considerado uno de los grandes poetas de su generación, había desarrollado una profusa obra que incluía cuentos y teatro, y era bien conocido por su labor periodística en los principales medios del país. La conmoción que generó su detención, como la campaña para pedir por su libertad, dan muestra de ello. Y vuelve interesante el análisis de su vida y de su obra, para comprender mejor los pasos de muchas y muchos que como él comenzaron su militancia en las filas de la más importante organización de la izquierda revolucionaria peronista que tuvo lugar en nuestro país: FAR.

Claro que Paco excede la historia de esta organización político militar, y de la fusión posterior con Montoneros, pues analizarlo implica sumergirse en la poética de quizás une de les más importantes intelectuales argentines de la segunda mitad del Siglo XX. Esto, claro está, aún no es un consenso que la academia haya aceptado, y parece lejos de quererlo aceptar. El recuerdo popular, la labor de familiares y amigues, lo va recuperando del olvido al que habían querido condenarlo: durante muchísimos años fue casi imposible acceder a su obra.

En los últimos años no pocos esfuerzos han sido dedicados para intentar dar vuelta esta página de desconocimiento que existe sobre su vida y su obra. En algunos de ellos, hemos sumado nuestro tributo. En esta ocasión, intentaremos sumar un aporte crítico a la lectura que de su obra se realiza, en relación al accionar que tuvieron esos trabajos en el historial de las FAR. Cómo ha influenciado su obra su militancia y participación en la organización, pero especialmente cómo su obra ha llegado a sumar un aporte fundamental al accionar de las FAR.

La Patria Fusilada

Hay un diálogo que debe registrarse, una necesidad histórica de dar testimonio en tiempos difíciles, de lograr que las voces que quisieron ser acalladas griten sus verdades. El escenario no puede ser más irreal: una cárcel liberada, en la espera del manto legal que permita salir de una vez por todas a reencontrase con el Pueblo en las calles. En una celda se reúnen quienes han sobrevivido a la Masacre de Trelew: Maria Antonia Berger, Alberto Miguel Camps y Ricardo Rene Haidar.

Allí no sólo se relata lo que ha sucedido durante la Masacre, y se esclarece la responsabilidad asesina de la Armada, sino que también se indaga en el espíritu combatiente del período. Son cuatro militantes que cuentan sus experiencias, que analizan la realidad que habitan, que anticipan los debates que llevaron a la unidad de FAR con Montoneros. Dada la importancia de la obra tanto en la vida de Urondo, como para comprender mejor el período, ofrecemos un análisis pormenorizado en otra nota de este especial. Pasamos ahora a indagar su entrevista a uno de los intelectuales militantes más descollantes del período y uno de los fundadores de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Una escena dialéctica: la entrevista a Carlos Olmedo

Urondo ha sido fundamental tanto en la historia pública de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, como en su historia publicada. Tanto su entrevista a quienes sobrevivieron a la Masacre de Trelew como su reportaje a Carlos Olmedo, nos permiten recuperar el ideario de aquella organización, que al fusionarse años más tarde con Montoneros, vio disipada la huella de su historia y perdió la especificidad que la había hecho erigirse como modélica para la militancia revolucionaria de la izquierda peronista.

Al momento de su detención, Paco militaba en las FAR y el hecho permitió que la organización tomara una visibilidad pública en determinados ámbitos políticos y culturales. Pidieron por su liberación desde Pier Paolo Pasolini a Simone de Beauvoir, entre muches. Esa aparición en la escena de la mano de la historia personal de Urondo, brindó una reinterpretación de esta organización armada y de aquella sombra terrible llamada peronismo.

Es fundamental para comprender aquel diálogo entre marxismos y peronismos la entrevista que le realiza Paco a Carlos Olmedo, y que aparecería en la revista Cristianismo y Revolución de abril de 1971 . Allí el nombre del entrevistador no aparece, pero sabemos con el tiempo que fue Urondo quien interpeló a Olmedo en aquella charla. De ése diálogo surge la interpretación profunda del contexto histórico que atraviesan ambos, y de las decisiones políticas que deben enfrentar. Se reconocen las acciones político-militares que las FAR habían realizado hasta el momento, y cobra especial interés el relato que realiza Olmedo de los atentados contra 14 supermercados Minimax en 1969, durante la visita de su dueño Nelson Rockefeller. De notable visibilidad en aquellos años, quedó en el anonimato mucho tiempo su autoría, hasta que en la nota Olmedo reconoce el hecho: “Hubiéramos podido firmar la operación y consagrar de esa manera la existencia de una organización, pero no hubiéramos podido mantener ese nivel de combate con la precariedad organizativa que teníamos entonces”. Y presenta a su vez una notable interpretación de lo allí sucedido, lo que moviliza a la reflexión a Horacio González en la película Ultima carta desde la revolución. “El móvil de los supermercados, es atraer con la exposición directa de la mercadería; entonces nosotros nos dejamos atraer también, pero colocamos entre esas mercaderías otras que no daban pesos, sino fuego”, indica Olmedo.

Lo central en la nota es la relación con el peronismo, y la reinterpretación de aquel movimiento de masas desde el marxismo. “El peronismo no es una experiencia centrada en lo material, en lo económico. Nuestro pueblo no es tanto un pueblo hambreado, como un pueblo ofendido. (…) Lo cierto es que lo que genera conciencia no es sólo la miseria, sino la comprensión de que esa miseria es una injusticia. Y esa es, quizás, la contribución más importante que la experiencia peronista ha dado a nuestro pueblo: la posibilidad de comparar, de cotejar, de desmentir. La posibilidad de hacer de la explotación una historia, un fenómeno histórico referido a intereses terráqueos y no celestiales y sobrehumanos y que, por lo tanto, es modificable. Allí está quizá la clave de la interpretación del fenómeno peronista”.

Con simpleza, pero no por eso sin profundidad, Olmedo recupera las discusiones que hacia distintos sectores de la izquierda comenzó a generar el peronismo. Urondo cumple aquí un lugar destacado al ir construyendo el relato desde la interrogación, de un conocedor que sin embargo construye un espacio para la duda, para la indagación. Algo parecido ocurrirá en La Patria Fusilada, donde su presencia intenta pasar desapercibida, como debe ser un/a buen/a entrevistador/dora. Pero también, en algunas de sus participaciones elige construir un espacio del pensamiento sobre el cual puedan trabajar luego los conceptos de Olmedo. “Yo quería detenerme un poco en este problema de la valoración de la experiencia del pueblo, de la interpretación de las respuestas que el pueblo está esperando. Esto, por lo visto, establecería la conexión y determinaría finalmente el surgimiento de una vanguardia en la medida en que un grupo interpreta realmente la coyuntura donde pivotean las expectativas. Sería un problema de interpretación, es decir de apreciación de los intereses populares ¿Cómo encaran ustedes esta interpretación, en la medida que deben aspirar a ser vanguardia de ese pueblo?”, pregunta y reflexiona Urondo.

Esto le permite a Olmedo desplegar/construir mediante el diálogo el aparato interpretativo con que su organización política pretende interpelar esa realidad  que intentan modificar. “El peronismo que, como usted verá, no puede entenderse como una doctrina ya hecha y terminada que, desde el 45, se proyecta a la eternidad, sino como una experiencia creciente a la que el pueblo vuelve una y otra vez para ir descifrando el significado de su lucha, de cada una de las etapas en las que los enfrentamientos lo van colocando y de las alternativas, de los caminos que corresponde seguir para realizar sus intereses históricos (que como se sabe no son intereses particulares, sino que son los únicos que pueden garantizar de alguna manera el alcance universal de derechos humanos para toda la sociedad nacional). Es en ese sentido que solo la clase obrera puede plantearse la construcción de una sociedad nueva y un hombre nuevo”.

“¿Cómo se integraría, digamos, la ideología peronista con estos aportes que ha hecho el marxismo-leninismo, aportes que, por lo que usted me dice, serían aprovechados para la construcción del socialismo?”, provoca Paco a su entrevistado. En estos pasajes podemos apreciar toda la profundidad del pensamiento de Carlos Olmedo, que lejos de simplificar para lograr una mayor cohesión de su fuerza política, se permite la duda y una apuesta hacia formas superadoras. “Quisiera decirle que el concepto de ideología ha llevado y lleva a numerosos equívocos. Sin necesidad de hacer consideraciones académicas, le propongo que al hablar de Ideología nos refiramos fundamentalmente a la conciencia que los hombres van logrando de su propia situación. Esa conciencia puede ser clara, penetrante, lúcida, o puede ser incompleta, parcial, distorsionada. El enemigo hace todo lo posible para que esto sea lo que ocurra con la ideología de nuestro pueblo y con nuestra propia ideología. La experiencia de nuestro pueblo y la utilización de todas las herramientas del conocimiento de la sociedad, dentro de lo cual el aporte del marxismo-leninismo es esencial, nos ayudan a tener una conciencia clara de lo que realmente ocurre en nuestro país y de lo que puede lograrse con una lucha consecuente y revolucionaria. De modo que a su pregunta respondo diciéndole que esa integración no es un difícil experimento, sino es la apropiación por parte del pueblo en lucha, de todas las formas del conocimiento, de todas las herramientas, de todos los instrumentos de interpretación de una realidad que le sirva para orientar su camino hacia la liberación”.

Asumir al peronismo implicaba para muches militantes abrazar la participación en el movimiento popular mayoritario, pero también llevaba la mancha del pasado militante de cada une, y de los diversos enfrentamientos que con el peronismo habían tenido desde la izquierda. Olmedo presenta esta asunción como parte del desarrollo de una “estrategia de nacionalismo revolucionario”. Ello les lleva a admitir que “en la Argentina, el nacionalismo revolucionario implica la valoración positiva de una experiencia fundamental de nuestro pueblo, que es la experiencia peronista”. Esa valoración positiva por parte de un revolucionario “puede ser entendida tan sólo como identificación con esa experiencia, como la asunción plena de esa experiencia, de sus logros, de sus aciertos y de sus limitaciones: de sus aciertos para fortalecerse con ellos, para desarrollarse, y de sus limitaciones, para combatirlas y para superarlas”. Es en esa tensión entre los aciertos y fracasos, en la acción política que genera la asunción de esa historia, desde donde “nuestra organización se considera una organización peronista”, explica Olmedo.

Este largo reportaje nos permite hoy recuperar aquellas conceptualizaciones fundamentales para analizar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias, a 50 años de su aparición en la escena pública argentina. Es un testimonio de lo que ha sido, pero también una herramienta necesaria para pensar lo que puede ser. Para recuperar los vientos revolucionarios que movilizaron al peronismo, que permitieron erigir un discurso y una acción de izquierdas en su interior.

Una historia que atraviesa también el manto de la tragedia, de la derrota de un proyecto, pero que sin embrago sigue siendo fructífero para construir otro presente. Le preguntará Paco Urondo a Olmedo: “Usted dice «la derrota del Che», ¿qué acepción puede tener esa palabra? Me gustaría precisar un poco en qué medida usted la considera una derrota”. La respuesta en aquella coyuntura es también una reflexión válida para pensar la vida de estos dos militantes que se entregan al diálogo para transformar la realidad que habitan. Los emparenta haber muerto enfrentando a las dictaduras que asolaron nuestro país, pero también la apuesta revolucionaria que nunca abandonaron. “Es fácil constatar que el Che es derrotado militarmente”, contesta Olmedo. “Es menos fácil, pero posible constatar que políticamente en el cortísimo plazo, por lo menos, la lucha guerrillera no triunfa en Bolivia. (…) Pero además la figura del Che no tiene una dimensión meramente boliviana, de modo que su victoria política no puede medirse solamente en la secuela institucional y política de la situación boliviana. La victoria que logra el Che es más amplia: es la de imponer un modelo de revolucionario, un ejemplo de consecuencia, de abnegación y fundamentalmente de una fe inquebrantable en la posibilidad de la victoria revolucionaria”. De esos ejemplos, de esa certeza hacia la victoria, es desde donde elegimos recordar, para construir futuras revoluciones.

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